Acompañar ahora que estamos a tiempo

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

Durante los últimos días, fuimos testigos del impacto de las redes sociales en la vida moderna. Particularmente hubo una noticia que me mueve y conmueve, una nota donde los protagonistas son los adolescentes.

Estudiantes de bachillerato que se hacen virales por un video donde se hace evidente un “concurso” por saber quien terminaba primero unas líneas de droga. 

Muchos temas vienen a colación, desde los mas graves como el acto de drogarse, hasta las más sencillas por decirlo de alguna manera, como el tener un celular dentro del entorno escolar, un tema que se ha puesto sobre la mesa en varias partes del país y que ha dividido las opiniones de los ciudadanos. 

El hecho de fondo me hace preguntarme en ¿qué hicimos como adultos? Estamos fallando a la hora de la formación de las nuevas generaciones. Nos hemos perdido, muchas veces en lo políticamente correcto hemos dejado de acompañar en la firmeza a aquellas generaciones jóvenes y es que no esta de más, pues pareciera que hoy poco se puede hacer. 

Se tiene miedo a las respuestas de las generaciones, se tiene miedo a “perder a los amigos”, aunque se prefiera negar ese temor, entonces llegamos a la total indiferencia, justificando nuestras omisiones con “la vida se encargará de darle las verdaderas lecciones” y el gran problema es que la vida no siempre alcanza para poder acompañar esas lecciones o desgraciadamente llegan cuando ella, ya no está. Así de radical es la situación, desgraciadamente la vida no siempre nos alcanza para poder aterrizar aquellas lecciones que se pueden dar a tiempo. 

Una de las premisas que nos regala Pitágoras: “Educad a los niños, y no será necesario castigar a los hombres” hoy cobra sentido. Necesitamos recuperar los procesos de educación. No podemos seguir renunciando a una misión conjunta que tenemos como sociedad. 

El tiempo que vivimos genera un gran problema, la situación económica, las graves crisis sociales y políticas que vivimos como sociedad, han generado un abandono casi completo de las tareas de formación de las nuevas generaciones. Nos hemos confundido y entonces creemos que por tener acceso a la información ya se esta formando. Sí esta es la manera de interpretar la avalancha de información que todos los días recibimos, ¡estamos equivocados! 

Los padres no pueden dejar de ser padres, no es opcional el proceso educativo de los hijos, no debe confundirse con tener a los hijos en las llamadas “mejores escuelas” y la función innata que tienen de formar a los propios hijos. Con tristeza vemos como hoy las escuelas son vistas como guarderías, espacios de control para que se atienda a las nuevas generaciones, pero… ¡Cuidado! Porque aun cuando son llevados para formarlos, hoy no está permitidoacompañar los verdaderos procesos, cuando el maestro ha sido visto como un enemigo de los padres. 

Lejos han quedado aquellos años en que los padres confiaban en los docentes, aquellos ayeres que el profesor era una figura respetada por su gran compromiso y dedicación, donde sabía que no era suficiente transmitir conocimientos, también era un colaborador en la educación de los más jóvenes. 

Recuerdo en alguna ocasión haber invitado a mi equipo de trabajo a vencer la tentación del Siglo XXI, el profesor que se convierte en un trabajador más, aquel que se justifica diciendo: “Yo solo vengo a enseñar conocimientos, en su casa debieron educarlos”. No podemos ser ajenos al diagnóstico de nuestra realidad, no se esta acompañando a las nuevas generaciones en los hogares, desgraciadamente, el primer lugar donde reciben acompañamiento es la escuela, y no podemos simplemente cruzar los brazos y dejar que la vida pase, porque no sé si alcance. 

Otro fenómeno que experimentamos es la desesperación de los padres de familia, “Ya no sé que hacer con este/a muchacho/a” perdiendo la batalla frente a los hijos, cediendo completamente al berrinche y capricho, que muchas veces entorpece el proceso formativo.

No es valido para los padres renunciar a la formación y cederla a terceros o lo más triste, desentenderse de los hijos por completo y simular que “ya están grandecitos para tomar sus decisiones”. Hoy se han generado tantas heridas, que vamos por el mundo experimentando la cercanía con mujeres y hombres que van rotos y que se pierden en el inmenso mundo de las modas, de los grupos sociales, de aquellos lugares donde se sienten visibilizados. 

Quiero invitarte a que hoy no dejemos pasar la bolita, a que asumamos cada uno lo que nos corresponde, desde el rol que tenemos en la sociedad, que no permitamos nuestra vida se enfríe y con ella los procesos que nos humanizan y nos ayudan a estar en cercanía con quienes compartimos la existencia.

Es preciso que nos entendamos como los actores principales y que más allá de criminalizar, señalar y juzgar, desarrollemos la empatía como seres humanos que se construyen y que muchas veces están en las aulas, en las familias o en las calles, en espera de alguien que sea capaza de creer en sus sueños, sus proyectos o simplemente esperando ser visibles en medio de una sociedad que los ha rechazado. 

Hasta pronto, con cariño Prof. Beto Maldonado

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