OPINIÓN: Necesitamos aprender a escucharnos.

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

La sociedad de la información, del ruido y de la happycracia, nos ha mantenido muchas veces ocupados y otras tantas, distraídos. Tanto es así que ya en todos los centros comerciales la navidad está presente y no hemos superado las celebraciones del mes de octubre y mucho menos noviembre. 

Nos hemos acostumbrado a esa sociedad vertiginosa, a ese ritmo que nos mantiene esclavizados y muchas veces olvidamos lo esencial: nosotros mismos, nuestros sueños, nuestras ganas de superarnos y el deseo de lograr tantos sueños que acumulamos en nuestros corazones. 

Durante mi recorrido en la docencia, una de las etapas más breves pero llena de aprendizaje fue la transcurrida en educación secundaria. Una etapa difícil para todos, los padres de familia descubren a ese pequeño erizo que ahora le cuesta compartir su vida con ellos, vienen los arrebatos de los hijos, sus desafíos, sus reclamos y tantas cosas más. 

Para el adolescente, la salud emocional es un verdadero desafío, la aceptación social (propia de su etapa), no porque en casa se sienta rechazado, pero si porque busca su propia configuración, es su manera de dar sentido a su existencia, el gran conflicto que generan las redes sociales, los muchos “deberías” que le abruman. 

Y como docentes, el gran desafío de acompañar y custodiar los grandes tesoros de nuestra sociedad, nada fácil es lidiar con realidades familiares diversas, con sociedades violentas e injustas; y sobre todo con personalidades que se configuran día a día, que se construyen y deconstruyen en lo individual y en lo colectivo.

Cada día uno de los grandes retos es el poder comunicarnos entre generaciones, poder crear lazos de comunicación. Nuestros adolescentes no son los únicos que padecen, todos en general experimentamos vacíos, silencios y complicaciones para poder acercarnos al otro y entablar un diálogo, un ejercicio de comunicación en doble sentido y no limitado únicamente a un emisor. Es vital poder comunicar, comunicarnos y dialogar en medio de las diversidades. 

En días pasados, una terrible noticia llegó, una pequeña de catorce años decidió terminar con su vida. ¿Qué la orillo a tomar esta decisión? ¿Por qué no se acercó con alguien? ¿Quién no actuó oportunamente? Estas y otras tantas preguntas se hacen visibles, nos interpelan y deben hacerlo todos los días, somos responsables los unos de los otros, aunque nos hayan enseñado lo contrario, aunque estemos acostumbrados a nuestra sociedad individualista. 

No debió pasar, no debería volver a repetirse, es un llamado de auxilio de nuestra sociedad. Resulta paradójico, como el mes pasado nos hacemos conscientes del desafío social y dedicamos un día a la prevención del suicidio, este mes hace apenas diez días conmemoramos el día de la salud mental, y aunque las redes se llenan de información, de videos y de panfletos por todos lados, no visibilizamos a los que tenemos cercanos. 

Duele la noticia, cala en lo profundo, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados y solo portar una moda, ser parte de ella, es nuestro compromiso callar nuestros ruidos, sosegar nuestros pensamientos y hacernos conscientes de la gran responsabilidad que compartimos con los demás, donde nos construimos juntos, uno a lado del otro. 

El sufrimiento, el dolor causado por las múltiples causas que nos aquejan todos los días, no puede quedar en una emoción o un sentimiento pasajero, “el sufrimiento, a pesar de no ser deseado, contiene una profunda lección moral, porque nos hace más compasivos, mas tolerantes, humildes y solidarios” (Torralba, Mundo volátil, 2018)

Para terminar, quiero invitarte a ejercitarte en el dialogo, en la escucha activa, hoy vamos por el mundo buscando donde podemos hablar, con quien podemos compartir, no significa que vamos a comulgar con todos los ideales, pero si puede ser el momento de alivio para más de alguno. ¿Te animas a escuchar y dialogar con una persona? 

Con cariño: Profe Beto Maldonado.

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