Por Jesús Humberto Maldonado Rodríguez.
Hace unos días en una de las clases, reflexionábamos sobre la importancia de la ética de la reciprocidad y de la importancia que tiene la persona en el devenir de los días y de los acontecimientos históricos. Presentamos algunos episodios de la historia universal, nacional y local donde la persona y sus actos ponen de manifiesto la grandeza de las personas.
De la mano de José Luis Martín Descalzo, reflexionábamos sobre uno de sus muchos escritos y nos daba una gran lección para poder cambiar nuestras gafas y ver la realidad de una manera diferente. Estamos acostumbrados a ver lo negativo en cada uno de nuestros contextos y nos distraemos muchas veces, “Pero quiero insistir en que el amor y el ejercicio del mismo es bastante más frecuente de lo que nos imaginamos. Y que lo que ocurre es que la bondad tiene muy poca y muy mala prensa.” (La sangre del Pueblo)
Este texto nos ayudo a hacer un ejercicio de retroalimentación y autoevaluación. Y si, es verdad, muchos pensaran y juzgaran que cuando se obra con bondad hay que mantenerlo en el anonimato, hay que evitar hacer mención de ello porque le robamos el mérito. Me disculparán, pero estoy convencido, cuando obramos con amor, generosidad y solidaridad, es necesario difundirlo.
La sociedad necesita ver el testimonio de mujeres y hombres que vencen el egoísmo, que se vencen muchas veces a sí mismos y se donan a los otros. Es necesario hacer la difusión de la caridad, de la solidaridad, de la responsabilidad y corresponsabilidad social que compartimos. Solo así podremos presentar una mirada diferente a este mundo en que vivimos, al sistema económico, político y social en que nos encontramos.
En este mes, mucho se habla de la gestión de las emociones y del cuidado de la salud mental, pareciera que es lo más “top” del momento, de lo que todos nos preocupamos y entonces tomamos acciones, muchas de ellas son fugaces, es decir, actos instantáneos,pero sin fondo.
Y no está mal, pero a veces nos hace falta guardar un poco de silencio, abrir el corazón y permitir que los otros hablen. Es necesario transcender nuestra propia barrera, dar acceso a los demás y permitirnos caminar en proximidad.
En actos tan sencillos, pero que muchas veces llenan el alma, a pesar de sentir que es “perdedera de tiempo”, como lo es un pase de lista en el salón; es en estos pequeños gestos que nos acercamos a nuestra razón de ser como docentes. Por increíble que parezca, llamar por su nombre a nuestros alumnos es la oportunidad de darles existencia, misma que muchas veces les es arrebatada por un número de matrícula, por un número de control.
Sucedió que al final de este encuentro, se quedó un alumno, recogiendo sus pertenencias y empacando con evidente aflicción, no solo sus útiles escolares, también sus preocupaciones, sus miedos.
Se acercó entonces y con aquella sinceridad y evidente conmoción, me preguntó: “Profe, ¿Le puedo dar un abrazo?” y se acerca para compartir un abrazo, lleno de sinceridad, de emociones encontradas. Con sus ojos llenos de lágrimas, compartió aquellos temores que llevaba en su corazón y pidió unos minutos para escucharlo, para poder compartir una palabra con él.
La experiencia docente nos regala muchas experiencias que nos hacen dudar de nuestra labor, que nos desesperan, que nos frustran y que a veces nos desaniman a seguir. Pero cuando llegan estas experiencias, donde tan solo uno, sin importar que sean cuarenta o cincuenta en un salón, esa persona se acerca, nuestra labor tiene sentido.
No somos Superman, me encantaría que fuéramos, pero solo somos mujeres y hombres que amamos la docencia y que nos ha dado la oportunidad de experimentar la cercanía, la empatía y la solidaridad. No es poca cosa, es un gran compromiso por seguir humanizando, por seguir transformado y haciendo vida aquello de cuidar la salud emocional de todos. No solo como un eslogan, sino como una experiencia vital.
Mi querido alumno, escribo con cariño para ti, ten calma, llegarán esas respuestas y verás como poco a poco tu panorama se ira mejorando, haces mucho, tu historia te esta formando y te acompaña para ser el día de mañana alguien que ha entendido la reciprocidad, la responsabilidad social y sobre todo la empatía.
Y a ti cada semana, me regalas unos minutos para leerme, ¿me ayudas hacer que las obras buenas, las que están llenas de amor, cuenten y tengan mejor prensa? ¿Cuento contigo?
Te mando un abrazo, porque es verdad, que un abrazo a todos nos transforma a todos y nos hace experimentar esa calidez humana, en un mundo cada vez más frío y hostil.
Con cariño: Profe Beto Maldonado.
