Alumnos apasionados: para un profesor desencantado

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

¡Hola profe Beto!

¿Qué es lo que debemos hacer? Por una parte, hay maestros que nos motivan y nos invitan a soñar, son maestras y maestros que creen en nosotros y que nos motivan; pero también tenemos a otros profesores que nos desmotivan. 

Pasó hoy, venimos tristes de una clase. La maestra nos dijo que hagamos lo que hagamos no vamos a cambiar el mundo. 

Gracias a todos los profes que inspiran. 

Con cariño Lupita. 

Lupita, quiero comenzar invitándote a seguir soñando. Sí, por contradictorio que parezca, es necesario que como sociedad sigamos soñando. Son los sueños una manera que tenemos de responder a nuestra existencia. 

Hemos crecido en una sociedad Smart, un mundo que las cosas cada vez son más fáciles y la tecnología, la ciencia y todo lo que implica, han buscado con ahínco conseguirlo en nombre de una economía de los procesos y los tiempos hoy parece ser que se ha logrado hacer sencillas muchas labores para el ser humano.

Pero, soñar es lento. Lleva tiempo, no es algo sencillo. Entonces, en las aulas tenemos personas, mujeres y hombres que siguen soñando. No son autómatas, no tenemos maquinas que fácilmente podemos programar, no hay un solo código que sea capaz de hacer las cosas fáciles.  ¡Que aburrido sería! 

Bajo esta afirmación, en un mundo donde las ciencias exactas, en muchas ocasiones se han enseñoreado sobre la realidad humana y las experiencias vitales que hacen del ser humano una realidad única y auténtica, buscamos que todo sea fácil, sencillo; y no siempre es así. 

Un salón, una escuela, está repleta de grandes retos y desafíos, donde hay cientos y miles de formas de pensar, de estilos de aprender y de sueños por conquistar. Esto representa un gran desafío para todas y cada una de las docentes que llegan de salón en salón, compartiendo sus saberes, técnicas y experiencias. Me atrevería a pensar que hoy, las últimas, son indispensables en el proceso de enseñanza, así es, los saberes pueden encontrarse en breve, puedes tener acceso al conocimiento y las técnicas más innovadoras; pero la emoción, la pasión y la gran apuesta que tenemos como personas y que el docente no debe ser ajeno, es lo que inspira a todos los días hacer un esfuerzo por soñar y hacer las cosas diferentes. 

Sin embargo, te hablo de personas, tus docentes también lo son. Por excelentes catedráticos que puedas tener en el aula, no pueden renunciar a su ser de persona, aunque muchas veces se ocultan tras la faceta del gran doctor, el máster, el investigador y cuantos títulos que se han conseguido con el tiempo, el esfuerzo y la inversión. 

En mi recorrido como docente, siempre lo he dicho: somosmuchos docentes por accidente. Y esto no es malo, cuando ese accidente te lleva a compartir con pasión lo que sabes y lo que aprendes. 

Hoy se han puesto en el foco de atención las escuelas normales y formadoras de docentes, evidentemente, hay un gran esfuerzo por la formación en el ámbito de la educación básica y media superior, pero en el entorno universitario es el profesionista quien forma a los futuros profesionistas, es la experiencia en el campo la que robustece el proceso de formación de los futuros ingenieros, arquitectos, contadores, médicos, licenciados en todas las áreas del conocimiento. 

Ahora bien, quien por accidente llegó a la escuela, sin importar las razones que tenga y la manera en que llegó a un centro escolar, tiene un gran compromiso y no puede renunciar al mismo: “La alegría es comunicativa; y por esta razón no hay nadie que aleccione mejor en la alegría que quien es alegre” (Kierkegaard). Esta premisa es reveladora para cada uno de nosotros como docentes y de ustedes como estudiantes, que a su vez se convierten en tutores de los otros, de las nuevas generaciones. 

He dicho que somos personas y que eso implica demasiadas emociones, preocupaciones y ocupaciones. Es una mentira decir aquello de una vez que entro en el aula hago una pausa a mis preocupaciones y me dedico de lleno a transmitir conocimientos. No, no es tan fácil y tampoco es idóneo. No se requiere fracturar a la persona, generar múltiples personalidades, para ser un excelente educador y docente. Hay que partir de la integridad de quienes intercambian experiencias en el aula, alumnos y maestros que se forman constantemente por la interacción. Por que es verdad, somos aquel Zoon politikón del que hablaron los sabios griegos, somos por que nos hacemos en la constante comunicación e interacción con los otros, los que nos rodean, con quienes convivimos constantemente. 

El tiempo que vivimos para la educación es complicado, hemos dejado de soñar, se ha puesto demasiada atención a lo turbio de los contextos sociales, a los temores que como docentes y alumnos experimentamos, desgraciadamente muchos docentes y alumnos han caído en la ley del mínimo esfuerzo, han renunciado a sentir, a amar, a vivir y solo les preocupa sobrevivir, renunciando a la experiencia gratificante de la existencia plena. 

La crisis social que experimentamos, la falta de reconocimiento, las inseguridades que atravesamos han mermado la fuerza y el impacto que tienen los centros escolares, los espacios universitarios y los mismos contextos sociales en que nos encontramos inmersos. Esto ha traído consigo lo que Torralba llamó el virus del desencanto: “es un virus terrible, letal, que se infiltra en las organizaciones, en las aulas, en los claustros y en el fondo del alma del maestro y acaba destruyendo el deseo de educar, de transformar el mundo a través de su acción”. 

Hoy mi estimada Lupita, mi consejo sigue siendo el mismo, sueña y siente, esta es la clave para que descubras la pasión en aquello que haces y en lo que te preparas. Sueña con ser la mejor ingeniera, la excelente médico, la gran abogada; y con ello no quiero decir ni pedirte que te compares con los demás, solo invitarte a tomar conciencia del cómo te estás formando y el para que te estás preparando.

El mundo ha cambiado desde hace tiempo, hoy necesitamos mujeres y hombres que se atrevan a pensar, a cuestionar y que además sean capaces de actuar, desde las convicciones y los grandes sueños. 

No permitas mi estimada Lupita, que el virus del desencanto te alcance, hay que formar una barrera para cuando se presente con sus primeros síntomas sepamos como actuar. Es necesario en ocasiones la desilusión, es parte importante de los procesos, pero hay que atender a los primeros síntomas para evitar que se propaga y termine por anular en ti y en los demás el deseo de cambio, de una verdadera transformación, que comienza desde el interior de los individuos, desde las convicciones reales y que no se acostumbra a “lo que queda”, “lo que hay”, sino que aspira a más y con su aspiración motiva e inspira a los demás. 

Ese es el gran valor de los sueños, eso es lo que queremos, un sinfín de personas que sueñen y que nos sigan inspirando a soñar a todos.

Una recomendación más recuerda Lupita que los sueños deben tener fecha de caducidad, de lo contrario se convierten en utopías que lejos de inspirar nos han de frustrar, al ver inalcanzables aquellos proyectos personales y sociales que cada vez se alejan más de nuestros contextos y de nuestras fuerzas. 

Entonces, sueña e invita a soñar, y cuando llegue a tu aula un profesor sin ganas de hacerlo, no se trata de desafiarlo se trata de demostrarte que por muy catastrófico que parezca el escenario eres capaz de seguir pensando, creando y proponiendo. Adelante Lupita, sigan con pasión y con emoción en su proceso de formación. 

Con cariño: Profe Beto Maldonado.

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