Celaya, Gto; Los globos blancos se elevaron lentamente hasta perderse en el cielo. Abajo, entre lágrimas, abrazos y aplausos, decenas de personas seguían con la mirada el último homenaje para José Luis Valencia Ávila, “Pepito”, el niño de cinco años cuya muerte dejó una herida imposible de cerrar.
La despedida comenzó al mediodía, cuando la carroza fúnebre avanzó por la Calzada Independencia rumbo al templo de San Francisco. Al frente caminaban sus padres y su hermana mayor, abrazando el retrato del pequeño, mientras familiares, amigos, vecinos y personas que nunca lo conocieron se unían para acompañarlos en uno de los trayectos más difíciles de sus vidas.
Frente al templo, maestros, compañeros de su kinder y seres queridos formaron una valla humana. El silencio se rompió únicamente con los aplausos cuando el pequeño ataúd blanco descendió de la carroza y fue recibido entre muestras de cariño, un homenaje que contrastaba con la tragedia que apenas unos días antes había arrebatado la vida de un niño que apenas comenzaba a descubrir el mundo.
Durante la misa, las oraciones se mezclaron con el llanto contenido de quienes intentaban despedirse de Pepito. Al concluir la ceremonia, la explanada del templo volvió a llenarse de abrazos. Entonces llegó el momento más simbólico: decenas de globos blancos fueron liberados al cielo entre aplausos, porras y lágrimas, como si cada uno llevara consigo un mensaje de amor para el pequeño.
Con la voz quebrada, su padre agradeció las muestras de solidaridad que la familia ha recibido desde el accidente.
“Gracias por apoyarnos y manifestar todo lo que nos quieren a nosotros y por ende a mi hijo. Cómo siempre lo he dicho es un campeón para mí. Es un angelito y para mí es una estrella porque tiene un chingo de energía mi niño”.
Pero mientras la familia intenta encontrar consuelo, la incertidumbre sigue acompañándolos. ¿Quién pudo haber dejado ese artefacto en ese lugar?, se preguntaban familiares del menor.
Rafael Valencia Rico, tío de Pepito, lamentó que, además del dolor por la pérdida, la familia haya tenido que enfrentar lo que considera una falta de sensibilidad por parte de las autoridades ministeriales, quienes, aseguró, no han mantenido comunicación ni informado sobre avances en la investigación.
“Nunca se acercaron con nosotros, nunca hicieron nada. Nunca ha habido una respuesta para nada en términos generales. El ministerio público quería hacer una videollamada del Semefo a mi hermano, díganme si es coherente, con unos protocolos sin humanidad, estoy de acuerdo si fuera algo de la delincuencia pero era un niño de cinco años y a ellos les interesan los protocolos”, lamentó.
Aunque la familia continúa pidiendo justicia, el paso de los días también ha traído resignación ante la posibilidad de que el caso nunca se esclarezca.
“Lo más factible es ya no saber si alguien fue, no nos interesa saber porque imagínese saber que hubo una persona, mejor queremos quedarnos con esa duda. Pedimos justicia pero estamos en un momento en dónde desafortunadamente no sucede nada, nos estamos acostumbrando a que pasen las mismas cosas a diario y las autoridades automáticamente no hacen nada”.
Más allá del caso, Rafael prefiere quedarse con la imagen de su sobrino tal como era: inquieto, sonriente y siempre dispuesto a convertir cualquier momento en un juego.
“Siempre estaba jugando y corriendo y era muy ocurrente, llegaba a la casa de sus abuelos y decía que ya había llegado la visita. Se creía dinosaurio y hombre araña”.
Su pasión más grande era el fútbol. Admiraba a Cristiano Ronaldo y, como muchos niños de su edad, imaginaba aventuras donde podía ser cualquier personaje.
Apenas el pasado 15 de julio, Pepito había celebrado su graduación de preescolar. En la Estancia de Bienestar Infantil número 65 del ISSSTE dejó recuerdos imborrables entre sus maestras y compañeros.
Su última maestra, Cinthya Ruiz Barrera, lo describió como un niño cuya alegría llenaba el salón todos los días.
“Era muy contento, alegre, travieso, algo que siempre nos vamos a acordar es que le decíamos que se aprendiera a abrochar las agujetas ya que le costaba mucho trabajo pero por su inocencia era muy alegre y trabajador y lo vamos a recordar por esa sonrisa que tenía y sus pestañas que le decíamos que se las íbamos a robar porque estaban muy hermosas”.
La noticia de su accidente movilizó a toda la comunidad escolar. Maestras y padres de familia organizaron rifas para ayudar a cubrir los gastos médicos durante su hospitalización y anunciaron que el domingo realizarán una kermés en la Alameda Hidalgo como una muestra más del cariño que Pepito sembró entre quienes lo conocieron.
Para su maestra, quien cariñosamente lo llamaba “Chinito Valencia”, también permanecerá el recuerdo de un niño creativo que disfrutaba construir aviones y pirámides con sus manos y correr durante cada recreo.
“Pedimos justicia y que se investigue de dónde procedió y dónde salió ese artefacto porque era una privada y nunca te ibas a imaginar que te vas encontrar con una cosa así”.
