Por: Profe Beto Maldonado.
Hola, ¿cómo estás? Déjame adivinar, estas a las prisas, el tiempo se acaba, el reloj sigue avanzando y aun tienes algunos pendientes. ¿Qué cenarás? Por Dios, ¡faltan los regalos en el árbol!, te acaban de avisar que no hay más manzana para la ensalada o el ponche. Entiendo, las ciudades experimentan un movimiento propio de esta época del año, todos en las calles, queriendo llegar a tiempo.
¿A tiempo para qué? ¿Qué celebramos? Es verdad, necesitamos llegar a tiempo a la casa de los abuelos, de los suegros, de los padres porque hoy es la Noche Buena y estamos ansiosos por vivir la navidad.
Espera, ¿Por vivir la navidad? ¿Qué es la navidad? Entiendo que queremos celebrarla, pero no me queda claro que es la celebración.
¡Basta de preguntas!, pareciera que te empeñas por solo cuestionar, disfruta, vive, celebra; ven ayúdame necesitamos que el árbol esté listo con todos los regalos para el intercambio, porque así hemos celebrado la navidad siempre, con los nuestros, compartiendo un regalo que papa Noel ha dejado bajo nuestro árbol.
Por favor insisto ¿Qué celebramos? ¿Qué es navidad? Necesito entender un poco que es la fiesta que se prepara. Pues mucho se habla de ella y muchos la esperan con ansia. Veo en las calles un gran tumulto de personas que se empujan por conseguir regalos, por insumos para la cena, las avenidas lucen saturadas, hoy todos quisieron salir a “tiempo” para llegar a tiempo, pero no ha funcionado. Los autos varados por minutos, algunos por horas, suena el claxon al unísono de varios que experimentan ansiedad, prisa y desesperación. ¿Por qué es tan importante llegar a una casa? Durante el año hemos estado distantes de muchos, ¿Por qué hoy queremos que todos vengan a casa?
Desde hace varias semanas, incluso algunos meses, la vida moderna nos ha traído el anuncio de una de las épocas más festivas, la temporada decembrina y sus fiestas. Parques y plazas se han llenado de color, de lucecitas y figuras que nos hacen pensar en la celebración de la navidad.
Ha llegado el acontecimiento esperado del mes de diciembre, es la oportunidad que tenemos para “reunirnos” aunque muchas veces hemos estado distantes. Por todos lados suena Navidad, villancicos, olor a ponche y aromas propios de la temporada. Pero creo que esto no es la navidad.
El mundo nos ha demostrado que vamos rotos, que durante el año tuvimos conductas que dejaron mucho que desear, que nos olvidamos, que nos distanciamos y que muchas veces hicimos daño a otros tantos que en el andar hemos encontrado.
Recuerdas cuando el abuelo enfermó, ¿Por qué solo unos cuantos lo atendieron? La familia tenía más integrantes, pero nadie quiso voltear a verlo. Y como a él a otros tantos adultos mayores, les hemos hecho creer que nadie debe “cargar” con ellos, que no van a pedirnos nada y hoy se llenan de orgullo los adultos mayores que están solos en sus casas por que formaron unos hijos totalmente independientes y nadie tiene obligación de cuidarles. Aunque su corazón este roto, por la distancia, por el abandono, por la indiferencia. Ha sido tan bien vendida la idea, que hoy el adulto, “asume” que su lugar es el destierro, lejos de su casa, sin la presencia de los suyos, porque no hay “necesidad” de que alguien comparta con él.
¿Qué pasó con los amigos? Creo que a estas alturas la pregunta debe cambiar. ¿Qué es eso de la amistad? Escuchamos muchas veces en los labios de las personas que hoy es mejor decir “Los amigos no existen”. Pero entonces, ¿qué somos?, somos pequeños cúmulos de tierra a la deriva. Hombres y mujeres que vamos rotos por el mundo, caminando muchas veces en solitario, donde decidimos llenar nuestras conexiones digitales, pero cada vez conectamos menos con los cercanos. La amistad existe y contrario a lo que se cree, la amistad siempre es genuina, siempre existirán dos almas, o más dispuestas a compartir la existencia.
No es todo, ¿Quién se sentará en tu mesa? Veo que esta Juan, Claudia, Andrés, Mary, Chole, Pepe, pero ¿por qué no están los demás?, sí, ya sabes a quien me refiero. Es por que aquella noche al calor de las copas se hicieron de palabras hirientes. Ya sé, creo que fue por aquella discusión, cuando los niños tuvieron un accidente en el juego y quisimos hacer de ese accidente, algo intencionado, defendiendo nuestra verdad, sin ver la verdad de los niños que siguieron jugando y ustedes como adultos contuvieron hasta que enojados decidieron salir de casa. También vemos familias rotas. Familias divididas, donde los hijos se convierten en trofeos o prendas de garantía, donde importa muchas veces todo, menos ellos que tienen derecho a disfrutar de su infancia con un padre y una madre.
¿Ya le escribiste a tu jefe?, ¿a tus compañeros de trabajo?, ya se la respuesta, “no se lo merecen”. Entonces ¿Quién si es merecedor de recibir un Feliz navidad?, si bien no son tus amigos, son personas que han compartido contigo la vida, que de ellos has aprendido algo y que seguirás aprendiendo. Pero nos han engañado al creer que nuestra vida profesional se ha logrado solo por nuestras propias fuerzas. Sí, es verdad, nuestras relaciones humanas están rotas.
Y podríamos seguir, pero no quiero más. No más una navidad donde estemos rotos, porque entonces no sería navidad. ¿No ha sido suficiente el tiempo para prepararnos para esta noche? Entonces todavía tenemos esta noche para vivir la navidad, aún estamos a tiempo, navidad será todos los días.
Pues navidad es volver a nacer y dar un espacio al protagonista de nuestra celebración, sí, me refiero a aquel pequeño que nació en una humilde cueva donde se resguardaban animales, porque al no tener grandes ropajes, pasó desapercibido, en la soledad de una noche, entre la sencillez de una mujer y un hombre.
Sí, no podemos entender la navidad sin este acontecimiento. Esa es la esencia de la navidad, aunque cada vez más olvidada.
Navidad es entonces la sobriedad de tu hogar, el silencio de tu habitación donde todos los días vuelves a nacer, donde despiertas con nuevas fuerzas y con grandes sueños; pero también en donde llegas cansado para volver a soñar, para volver a creer y volver a intentar. Es navidad esas noches de llanto en soledad, de desesperación que te dan el impulso para volver a comenzar.
Esta es la navidad que buscamos, una navidad donde los abuelos se sientan cómodos, acompañados. Donde padres e hijos estrechen la mano, donde se unan los corazones al calor de un abrazo, donde vuelva a latir un corazón agradecido, un corazón que de su lugar en la vida y que, si bien nada se debe, si todo se merece. Se merece atención, cuidado, amor, cercanía y seguir siendo parte de nuestra historia.
Es la noche en que podemos escribir un mensaje, grabar un audio, enviar una imagen a las personas que amamos, a las que son parte de nuestra vida. También es navidad, cuando reconocemos que nos hemos equivocado, cuando nos acercamos al corazón que hemos lastimado, cuando otorgamos el perdón a quienes nos han herido, a quienes nos engañaron. ¡Esta es la navidad!
Una navidad que pone un alto a las bajas temperaturas del ambiente y enardece nuestro corazón por los nobles sentimientos que experimenta, por el gran deseo del perdón y la reconciliación. Esta es la navidad, la que, sin prisas, se acerca al anciano para escuchar sus historias, para consolar su duelo, para comprender los sueños de los adolescentes, los temores de los jóvenes y las preocupaciones del adulto. Es la navidad donde todos somos necesarios, es la celebración donde nuestra mesa, vuelve a estar llena, tal vez físicamente experimentemos ausencias, pero espiritualmente al elevar aquel rezo se hace presente nuestra abuela, alguna madre que ya no está y que hacía cabeza del hogar. Es la ocasión, en donde nuestras emociones sinceras, aquellas que no están encerradas en unos tragos, sino las que brotan desde lo más profundo de nuestros corazones y nos llevan a expresar lo que sentimos por quienes ya no están entre nosotros, pero también para decir lo valioso de su presencia a quienes hoy están conmigo en la mesa.
No hay mejor fogata que la que se vive en el interior de la sala, ese calor, esa rica sensación que nos da paz, que nos consuela y nos anima, es un gran reflejo de que la navidad está aquí, que ese pequeño Jesús, que nació, nos quiere regalar.
Y solo entonces esos regalos bajo el árbol se llenan de sentido, aquel brindis reboza de júbilo, porque no es lo que esconden las cajas o las bolsas, es cuando reconocemos el esfuerzo, el cariño, el amor de las personas por nosotros y para nosotros.
El problema de la navidad no es que lleguemos rotos, el problema es que queramos seguir haciendo más profundas nuestras heridas. El problema es cuando nos empeñamos en seguir haciendo mal, cuando no damos paso a la hoja para seguir construyendo algo diferente. La navidad nos vuelve a unir. Ese es el objetivo, navidad es volver a unir las partes de nuestro corazón, de nuestra persona.
Antes de que acabe nuestra fiesta, antes de que concluyan los ocho días de la navidad, serenemos nuestros pensamientos, hoy al llegar a la mesa, acércate a aquel miembro de la familia con quien estás distante, agradece a los padres, los abuelos, los suegros, agradece a quien te ha recibido en su hogar y celebra la navidad. Así, en la quietud, en el reconocimiento, en la tranquilidad, en el calor de un corazón que se ensancha al comprender que la navidad no es lo material, sino lo esencial para el corazón.
Ya ves, navidad es más que prisas. Si estás de viaje, detente por unos minutos y regala una llamada a la esposa que te espera. Si lejos de tu familia estás dedica un momento para agradecer lo que la distancia te ha hecho aprender, toma tu teléfono y habla con quienes amas. No aprietes tus labios, reconoce lo valioso que para ti es cada una de las personas que te rodean, tus amigos, compañeros, familiares, empleadores, quien sea que tenga contacto contigo, es merecedor de un ¡Feliz navidad!
Ahora, mientras la pirotecnia hace lo suyo y en los hogares se escucha el ambiente de celebración, agradece por lo que tienes, por quienes están, también por quienes ya no están físicamente. Ofrece tu perdón a quien se equivocó. Pide perdón cuando sea necesario, somos humanos y no estamos exentos de errar. Pero nos hace grandes el saber reconocerlo.
Hoy, podemos ser pioneros para volver a unir corazones, recuerda siempre que al mundo le hace falta bondad, al mundo le hace falta amor, es verdad que hoy podemos creer que solo el amor nos salvará.
Por ello, contemplemos el nacimiento, el motivo de la navidad y escuchemos los coros entonar y que se llene nuestro corazón de alegría al escuchar el anuncio:
“Os anunciamos con gozo inmenso, hoy ha nacido el salvador. En un pesebre sobre las pajas y entre pañales lo encontraran”
Con cariño a todos ustedes que forman parte de mi día a día, familia, alumnos, empleadores, amigos, personas amadas por mí y por quienes me siento amado, deseo de corazón una navidad llena de dicha y bendición. Un abrazo y hasta pronto. Con cariño:Profe. Beto Maldonado.
