Nuestras vidas, nuestra muerte.

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

“Profe, tengo varios días que no he podido dormir. Tengo miedo de morir, me asusta la muerte. No quiero morir, tampoco quiero que mueran los que amo. ¿Qué hago?” 

Antes de comenzar una clase, esta fue la pregunta que dio el giro a la misma sesión. Una pregunta que a todos nos descoloca y que muchas veces evitamos, porque implica un ejercicio de examinar nuestros recorridos y validar lo que realmente hemos vivido. 

Uno de los grandes afanes del hombre es cuidar el tiempo y aprovecharlo al máximo. Mientras somos infantes, disfrutamos entre el comer, el dormir y el jugar; sin embargo, hay quienes desde sus infancias trabajan y salen todos los días de sus hogares a trabajar para poder llevar el pan a su boca. 

Conforme avanzamos, siendo adolescentes y jóvenes, creemos que el tiempo es nuestro y que “nos queda una vida por delante”, sin saber lo que ello significa y representa. Vamos entonces por la vida descubriendo y experimentando, haciendo y deshaciendo, total tenemos tiempo de sobra, antes de que se haga presente la noción del tiempo. 

Cambian muchas veces las cosas cuando en la mente hace ruido: “Se me está yendo el tren”, como balde de agua fría se hace consciente en la mayoría de las personas del tiempo y de la importancia del cuidado y empleo de este.

Durante estas etapas, es difícil pensar en la muerte. Solo cuando se hace presente en el circulo cercano, cuando las preguntas por la existencia se hacen presentes y entonces, como Kierkegaard lo llamará, experimentamos el “aguijón en la carne”, la desesperación por el que vendrá y en donde estaremos. 

Entonces nos cuestiona y nos interroga la presencia cercana de la muerte, nos hace pensar en cómo hemos llevado nuestras vidas y no siempre es una experiencia que pueda ser sobrellevada. No siempre encontramos el sentido de nuestro existir y eso atormenta. 

Muchas cosas se pueden decir acerca de la muerte, sin embargo, frente a ella, las palabras sobran, las experiencias son únicas, nadie la ha congelado y nos ha dado la clave para vivir. No tengo una respuesta al como vencer el miedo a la muerte, no hay una sola manera de vivir y enfrentarlo, cada persona vive desde sus propios terrenos existenciales esta realidad. Algunos peleados con ella, otros ya reconciliados; y otros tantos prefieren evadir la realidad. 

No sé quien haga lo correcto, lo que si sé es que hoy más que nunca una manera de vencer a la muerte es la misma experiencia de vida. Recordando que vivir es no solo dejar pasar nuestro tiempo biológico; vivir y existir es dotar a nuestras propias realidades de momentos, de personas, de experiencias que nos den brújula en nuestro día a día. 

Al final sabemos que nuestra naturaleza es finita y que ello no es tan malo como parece, “Hay una razón por la que Dios limita nuestros días. ¿Por qué? Para que cada uno sea valioso”. Una frase de Mitch Albom, que nos invita a reflexionar sobre la importancia de vivir el aquí y el ahora, de estar y disfrutar de la experiencia vital, es quizá lo que las películas de día de muertos nos han recordado, desde Macario hasta Coco; según sea nuestra actuación en el gran escenario de la vida, lo que hacemos, siempre nos lleva a ganar un lugar en la trascendencia de los limites de la temporalidad, es ahí donde nuestra inmortalidad se hace presente, guardando en el recorrido de la historia de la familia, de la sociedad, del grupo, nuestro lugar o algún lugar en la vida del otro, los otros. 

La muerte duele, no es ajena a nosotros; pero duele más una vida que no tiene sentido, que no encuentra donde ser plena y que no es capaz de trascender los limites de lo ordinario. Porque al final, hemos venido a ser personas extraordinarias en medio de lo cotidiano de todos los días. 

Después de las celebraciones del día de muertos, nosotros los vivos ¿Cómo queremos vivir? ¿Qué experiencias de sentido dan color a mi vida? Al final, sabemos que nuestra finitud es lo único seguro, pero eso no es el destino final, pues para bien o para mal ya trascendimos en la memoria de los otros. 

De corazón espero que todos, cada mañana, tengamos un objetivo que alcanzar, un cambio que realizar y una vida que transformar. Con cariño Profe, Beto Maldonado.

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