OPINIÓN: Un niño es la esperanza…

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

“Podemos tener tantos problemas, tantas dificultades, pero cuando nos encontramos ante un niño nos surge dentro una sonrisa, la simplicidad, porque nos encontramos ante la esperanza: ¡un niño es la esperanza!” Papa Francisco (07/12/2016)

Gracias por la oportunidad que me regalas de poder llegar nuevamente para la lectura. 

Uno de los grandes sentimientos que han marcado nuestra etapa y que probablemente han marcado la historia de la humidad cuando se ha visto sumergida en situaciones de conflicto, de caos, de guerra, hambre y enfermedad; sin duda, ha sido el temor.

Y esto, no es del todo extraño, es uno de los sentimientos que nos ayudan a sobrevivir, que nos impulsan a tomar acciones para salvaguardarnos, pero también, desafortunadamente nos ha llevado a paralizarnos. 

A nuestras generaciones les tocó experimentar el temor por una pandemia. Después de varios años de haber comenzado esta situación que nos alarmó y nos llevó a nuestros hogares por un periodo de tiempo, hoy que vemos un horizonte más claro y sobre todo la gran necesidad de quienes nos regalan esperanza. Una esperanza real y duradera. 

Nuestro mundo se encuentra desesperanzado, se encuentra raquítico por asumir el temor, como una sola manera de ver la realidad. Y aunque sea un temor líquido, fugaz, paraliza el espíritu creador del hombre. 

Es algo sabido que la gran mayoría de nosotros, hombres y mujeres, de todas condiciones sociales, políticas y culturales, hemos experimentado temor. Que se distingue del miedo, por el hecho de no saber a qué le tememos. Yo puedo asegurar que le tengo miedo a un animal salvaje, pero no puedo asegurar a qué le temo, cuando no quiero bajar los pies de la cama, o mirar en la noche oscura a la ventana, o incluso abordar temas como la muerte, y otros que se escapan de nuestro dominio. 

Por ello, he iniciado este escrito con la frase del Papa Francisco, pues una de las claves para recuperar la esperanza es, ser como los niños y es Francisco quien nos da la clave para ello: ¡Simples! Es en la simplicidad que encontramos la esperanza, confiamos como el niño se arroja a los brazos de sus padres. Todos, sin importar las muchas experiencias de desolación que hemos tenido, podemos encontrar en nuestras vidas a una persona, por lo menos, que nos ha enseñado a confiar, a creer y a estar llenos de esperanza.

Es maravilloso encontrarnos con hombres y mujeres que sueñan, que tienen ilusiones, que son sencillos, simples; la vida a lado de estas personas nos hace el camino más llevadero y no sólo eso, también nos enseñan a soñar, a confiar y a recuperar la esperanza.

Por ello, como adultos, como padres de familia, como docentes; tenemos joyas preciosas en nuestras manos, tenemos tanto barro dispuesto a ser moldeado por un alfarero, tantos sueños y tantas ilusiones que construir, que motivar y sobre todo impulsar.

No cabe duda que hoy el panorama global, los noticieros, las redes sociales, influencers y sujetos de opinión publica; están llenos de mensajes, hay mucha información, pero también demasiada desinformación.

Lo más lamentable es que desgraciadamente muchos de los mensajes que llegan a nosotros, están llenos de desolación, están contaminados por la desesperanza, el miedo o el temor, lo que ha influido en todos y en cada uno de nosotros.

Hoy no se trata de minimizar los daños, no podemos ser ajenos a los problemas de salud, de economía, problemas sociales, políticos y tantos efectos negativos que nos han afectado en el devenir de la historia. Pero si se trata de llenar nuestros entornos de más esperanza.

La gran cuestión es ¿Cómo llenar de esperanza este mundo desesperanzado?

Es aquí donde todos tenemos un gran compromiso que apela a cada uno para llevar esperanza a los ámbitos en los que estamos inmersos. En primer lugar, un compromiso personal por el cuidado de nuestra salud, hemos vivido mucho tiempo descuidándonos, consumiendo alimentos, sí es que se les puede llamar así, que nos dañan en el largo plazo, hemos vivido en el sedentarismo y la comodidad de nuestros medios de transporte, empleando combustibles fósiles, cada uno de los vicios practicados han debilitado nuestro propio organismo y eso es evidente para nosotros mismos. En un segundo lugar, compromiso social, no olvidando que soy un sujeto que vive e interactúa con los otros y que en consecuencia lo que hago o dejo de hacer afecta a los demás. Esta es la ética de la corresponsabilidad, que cada vez cobra más sentido y que confiamos sea la bandera de las nuevas generaciones. 

Pero también podemos empezar a llenar de congruencia nuestros entornos, hoy en muchos casos las prioridades han cambiado, hoy en la realidad de muchos de nuestros pueblos, ha sido prioridad el negocio familiar frente a las escuelas, los centros recreativos frente a los centros espirituales, en fin, hemos visto con profunda tristeza una dicotomía en muchas realidades, que antes eran conciliatorias y ahora se han convertido en centros de discordia.Porque nadie sobre y por el contrario, todos sumamos a la reconstrucción del tejido social. 

Es tiempo de verdaderamente solidarizarnos y poner en práctica aquello que se ha puesto en el top de las afirmaciones de las nuevas defensas: EMPATÍA.

Así es, es necesario ser empáticos y eso implica “padecer con el otro”, pero no a convivencia, no hoy sí y mañana no, es estar de continuo, tocar la mano de la necesidad, de la enfermedad y del abandono. Esto es verdaderamente empatizar. 

Es entender el sufrimiento de tantos niños, niñas, adolescentes y jóvenes que viven en sus hogares, atrincherados y muchas veces anulados en sus relaciones interpersonales, no van más allá de las personas con quienes convive en el día a día, con quien interactúa por medio de una consola de videojuegos.

No podemos negar, que incluso el hogar se convirtió en un lugar no seguro para muchos de nuestros niños, niñas y adolescentes. Tampoco podemos hacer a un lado la situación de miles de matrimonios que se desvanecieron y en donde los hijos se convierten en un trofeo para intercambiar, un blanco fácil para dañar las figuras de los padres. ¡Cuánto daño hemos hecho! ¿Es necesario hablar mal de los progenitores?

Es comprender la situación del magisterio que ha sido abandonado, que hoy ha salido adelante por sus propias cuentas y que una vez estabilizado tiene que entender los constantes cambios de los modelos educativos que muchas ocasiones adolecen de estructura o que no la conocen.

Es entender a los rectores y directivos de los centros educativos que tienen que dar respuesta a los padres de familia enfurecidos, a los maestros desprotegidos y a tantos, en verdad tantos alumnos abandonados, no solo físicamente, sino emocional y espiritualmente.

En estar cercano a los padres y madres de familia, que perdieron su empleo, que han perdido familiares, que encontraron una manera distinta de “expiar” muchas veces el abandono de los hijos, y que si bien, hasta hace algunos años se resolvía con bienes materiales, hoy no ha sido suficiente y nos ha llevado a un ejercicio de sobreprotección y una filiarquía totalmente aceptada.

Ser empático también ha implicado un ejercicio de diálogo, aprender a hablar sin levantar la voz, aprender a escuchar sin enfadarse, a no faltar al respeto a los demás. Entendiendo que las soluciones a todo el problema, no se tienen, pero que juntos podremos hacer un camino cada vez más claro para una vida mejor, así es, deseamos que sea una vida mejor que la que teníamos.

No podríamos ser los mismos, si fuera el caso, la lección, muy dolorosa para muchos no la hemos aprendido. Es necesario cambiar, yo docente, yo como director, como alumno, como amigo, como hermano, como padre de familia, como miembro de esta gran familia humana, necesitamos cambiar y volver la mirada a lo trascendental, es quizá apostar por algo más allá de nuestras narices. La historia del hombre,relata el proceso de su evolución y de aquel individuoque su horizonte era el piso, hoy hemos llegado al hombre que su horizonte puede ser el cielo, pero que muchas veces ha bajado su mirada a un celular, limitando su capacidad de soñar, de crear y sobre todo: de CREER.

Podemos ser el cambio, vencer nuestros miedos, los temores superarlos y volver a creer y tener esperanza.

No todo está perdido, aún estamos algunos, seguimos siendo unos cuantos, quizá los menos, tal vez ya seamos muchos, pero creemos que podemos ser muchos más; te pregunto: ¿Quieres soñar con nosotros? ¿Quieres ser parte de un mundo con más esperanza? Sí así lo decides, ayúdanos a compartir esperanza con los tuyos. Será difícil, pero por fin, tenemos la oportunidad de cantar y así hacer realidad aquella estrofa que canta; “pintarse la cara, color esperanza, tentar al futuro con el corazón”.

Con cariño Prof. Beto Maldonado.

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