¡Presente!: Un llamado a la existencia en las aulas

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

 

Profe Beto, ¿Cómo está?

Oiga me llama la atención que usted es uno de los pocos profesores que se da el tiempo para pasar lista en la clase. Muchos profes dicen que es una perdedera de tiempo y entonces pasan la lista impresa para que se anoten los que están.

No solo eso, también nos llama por nuestro nombre a la mayoría, sin duda, hay nombres que se aprende primero, quizá abra algunos que no logra recordar, pero es sorprendente, por que tiene muchos grupos y así nos recuerda.

¿Por qué es importante pasar lista? ¿Por qué recuerda nuestros nombres?

Gracias profe por llamarnos por nuestro nombre, por su tiempo.

Hasta pronto. Me despido de usted, su alumno Joaquín, Joaco para los cuates.

 

Mi estimado Joaco, gracias por tus saludos y por compartir conmigo esta inquietud, me encuentro bien y deseo que tu también lo estés, déjame contarte un poco de la historia para explicar mis razones del por qué pasar lista y llamarte por tu nombre.

En alguna ocasión mientras llegaba a mi centro de trabajo, la Directora General, se encontraba en la guardia de la escuela, esperando y recibiendo a los alumnos y sus familias. Al llegar, los saludaba por su nombre y con una sonrisa muy seria, no sé cómo lo lograba, pero lo hacía, con ese porte y ese cariño por todos ellos. 

Al llegar me pidió unos minutos y avanzamos hacia el interior, deteniendo nuestra marcha antes de subir a la sección de bachillerato y me compartió los pormenores de algunas actividades que teníamos en la semana. Al concluir, me dijo: pronto estarás ahí recibiendo a todos los “hijos de los otros que nunca serán tuyos, pero aprenderás a quererlos”, sonreí y dije, confío en que así será. 

Era un augurio, una encomienda que llegaría cuando meses más tarde, me invitó para asumir la coordinación del bachillerato. “Es tu turno muchacho” recordé aquel momento y así comenzó la aventura.

Cada mañana tenía la oportunidad de pasar lista en la entrada y poder saludar a cada uno de los alumnos. Lo difícil era el inicio del curso, con los nuevos inscritos, sin embargo, era la oportunidad para seguir conociendo a cada uno de los alumnos que llegaba y se integraba en la institución. 

Cuando estuve en formación, recuerdo que, en alguna clase, se abordó el tema del “Nombre”, así es, de aquella palabra que nos identifica y muchas veces nos define. Recuerdo a mi profesor haciendo sus disertaciones acerca de como el nombrar las cosas, las realidades y las personas, encierra un gran misticismo. 

Los hombres primitivos temían a los fenómenos naturales, pues los desconocían, eran testigos de su fuerza o su bondad, pero no los conocían. 

En casa siendo pequeños, todos recordaremos la máxima del hogar, “prohibido hablar con desconocidos”. 

Y podríamos seguir enumerando otras realidades similares, pero con los ejemplos mencionados basta para recordar la clase de mi profesor que nos llevó a reflexionar sobre la importancia del nombrar. 

El nombre nos da cierto dominio sobre las cosas y las realidades y nos ayuda a generar ese vinculo con las personas. En los hombres primitivos, al poder nombrar los acontecimientos descubrieron la manera en que podrían controlarlos, al nombrar cada fenómeno, haciéndose algo familiar y dejando a un lado los temores para poder convivir. 

Siendo niños, cuando desconocemos a las personas, tenemos nuestros primeros momentos de socialización y lo vemos cuando empezamos a indagar el nombre de los demás, se generan los primeros vínculos, ahí, en un salón con varios desconocidos que comienzan a interactuar y se convierten en los primeros amigos de la vida. 

Incluso, nombrar surte efecto en las mismas mascotas, lo recordaremos en el Gato con Botas, “¿Cómo te llamas? -Perrito” pregunta su nombre no qué es, sin embargo, Perrito adolece de un nombre. O en las películas de exorcismos, cuando el exorcista se afana en conocer el nombre del demonio, por que en el nombre se encuentra la misión. 

Y bueno, la escuela no es la excepción. En la escuela, cada que venimos encontramos grandes cantidades de desconocidos, entre empleados y alumnos, administrativos y docentes, decenas de personas que todos los días comparten el mismo espacio pero que muchas veces conviven realmente con los cinco amigos de siempre. 

El gran problema de la masificación es la despersonalización, por atender a la masa se descuida al individuo, se desatiende lo importante. Y como profesores, muchas veces nos engañamos para poder dedicar unos minutos al pase de lista. Parece una pérdida de tiempo, algo sin sentido para el proceso. 

Y es que se nos ha olvidado la importancia del nombrar o bien hemos decidido no vincularnos con los otros, donde entienden o dicen hacerlo, que si no lo nombran no existen los unos para los otros. Muchas veces nombramos con una serie de números, ahora que esta de moda la CURP, o el RFC o el número de empleado o la matrícula escolar. 

Nombrar es llamar a la existencia, es darle la oportunidad a cada persona de existir y con su aliento dar una nota en el aula. Por ello, descubrí desde aquella encomienda la importancia que tiene el dar un nombre a cada alumno, es traerlo a la vida, es reconocerlo y que me reconozca. 

Por eso mi querido Joaco, todos los días paso lista, cuando los encuentro en los pasillos procuro recordar su nombre y llamarlos por el mismo, porque para mi es importante tu historia, tus sueños y tus proyectos. No solo eres una matrícula que te hace ser uno más en el montón, eres un individuo, eres persona que goza de una historia particular, inédita y que se sigue construyendo en relación con los demás. 

A mis queridos colegas, ahora que regresan a las aulas de educación básica y a quienes lo harán en los próximos días, por favor, no vean como un tiempo perdido el pase de lista, véanlo como un acto de creación, una manera de traer a la vida a quien se ha perdido, como un acto de existencia para quien solo piensa en su supervivencia, es el pase de lista un verdadero acto de amor por la enseñanza, por que no puedo formar a quien no conozco. 

¡Feliz retorno a clases!, que el periodo de descanso haya sido gratificante y les anime a seguir compartiendo con cada alumno, compañero, amigo y nos ayude a disfrutar de nuestra existencia desde el escuchar nuestros nombres. 

Con cariño, Profe Beto Maldonado.

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