Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez
Hemos iniciado el mes de febrero, el mas corto del año, pero con un mensaje importante sobre el amor y la amistad, dos conceptos que más allá de una definición se convierten en una realidad necesaria para los seres humanos, una experiencia que puede experimentar a lo largo de la propia existencia en múltiples ocasiones.
Amor y amistad son parte del diccionario, están presentes todo el tiempo, en el abrazo de los enamorados, en el beso de los padres a sus hijos, en el estrechar las manos entre amigos, es algo que nos acompaña, es experimentar nuestro lado más amable, es decir esa parte de nuestra existencia que pide amor y que además es capaz de compartir amor.
La literatura, el cine, la música, la danza, el teatro, en fin, en cada expresión humana hemos encontrado la oportunidad de experimentar el amor, de múltiples maneras, según el momento y las personas objeto de nuestro amor.
Desde los griegos hasta la modernidad, el tema ha sido constante. Ya para los griegos, en la fiesta de Afrodita, cuando se celebra su nacimiento, entre los invitados se encontraba Poros (Abundancia y prudencia) quien embriago por el néctar que había consumido se queda dormido y es la oportunidad de Penia (escasez, pobreza) quien deseosa de tener descendencia se acostó a lado de Poros y fue como se concibió a Eros.
Eros será quien siempre estará buscando la belleza, al haber nacido en la fiesta de Afrodita. Una lección sobre como el amor, en la búsqueda de la belleza no siempre es una encomienda sencilla, es un balance entre la abundancia y la carencia. Es una constante lucha para descubrir la belleza, el amor mismo.
Todo esto ha venido a traer cientos y cientos de libros, teorías y conceptos que hoy siguen buscando dar un sentido y una interpretación sobre el amor mismo.
Durante estas semanas, quiero compartir, de la mano de C. S. Lewis acerca de su obra “Los cuatro Amores”. En esta ocasión, hablaremos del afecto (Storgé).
Quiero iniciar con una pregunta: ¿Por qué aquello que sostiene nuestra vida suele ser lo que menos valoramos conscientemente?
En nuestro día a día damos por hecho muchas cosas, a veces es tanta la familiaridad que tenemos que olvidamos el papel, el impacto que tiene una persona en nuestras vidas. Muchas veces engañados por los ruidos de nuestra sociedad, silenciamos lo verdaderamente importante, los vínculos que nos mantienen con vida, que nos dan la oportunidad de seguir a flote en el mar de la indiferencia y el abandono.
Esto es precisamente el afecto, como uno de los cuatro amores de Lewis, es un tipo de amor que ya está presente, que se da muchas veces de manera automática, es el cariño que se experimenta en la familia, en lo cotidiano.
“El afecto es responsable de nueve décimas partes de toda la felicidad solida y duradera que existe en nuestras vidas” (Lewis) y es que en efecto, en medio de lo cotidiano contamos con esos regalos que cada día nos dan los que nos aman, con sus gestos ordinarios como el preparar el uniforme para los hijos que van a la escuela, alistar el almuerzo para el esposo o la esposa que sale temprano, tener un hogar limpio cada día, en fin, estos actos se convierten en una “obligación”, arrebatándoles ese peso que tienen en la muestra del amor que cada día materializan.
El afecto que se vive es espontaneo, pareciera muchas veces ya dado, sin cuestionar, pero cuidado, es también necesario poder cuestionarlo, hacer las preguntas necesarias para poder salir de la costumbre y en muchas ocasiones de una posesión desmedida.
Cuando hemos experimentado la oportunidad de enamorarnos, pareciera que hemos estigmatizado estos lazos de afecto, porque se exige al otro renunciar a los suyos, a quienes por mucho le han amado. Me hace pensar en aquella frase que en alguna ocasión me compartieron, al haber iniciado una relación una pareja, una de las personas amadas, aún vivía el duelo del cambio de residencia, del haber dejado a los suyos atrás; mientras la otra parte, para quien quizá había sido más fácil y llevadero, ese constante recuerdo le impedía amar. Esta segunda persona afirmó “no sé por qué se pone triste, ya me tiene a mí, nada le falta”; evidentemente el afecto de los suyos siempre será una compañía, un refugio seguro para todo ser humano que ha crecido en sociedad.
Es cierto que también, muchas veces este afecto puede ser agobiante, y entonces habrá que cuestionarlo para no caer en la posesión absoluta, en aquella lamentable situación en que se vive con la frustración y la desesperación de responder siempre a los estándares de los demás.
El afecto entonces es una de las primeras maneras que tenemos para experimentar el amor. Quisiera invitarte durante esta semana a que puedas visualizar esos afectos, dar un momento para reflexionar sobre aquellos actos cotidianos que se han perdido en la costumbre y descubrir en ellos un lenguaje del amor oculto.
Es buen tiempo, para volver a enamorarse de la persona que se ama, descubriendo en el desayuno, en una casa limpia, en un mensaje de texto que te invita a cuidarte y llegarte con bien, en aquel presente que encontraste en tu hogar, en tu oficina; lo que las palabras no siempre dicen, lo que siente, pero se da por hecho. Es tiempo de descubrir esos afectos, ese amor que es parte de la vida y que tantas veces nos libera, aunque confundido muchas veces aprisiona.
Vamos, es tiempo de seguir construyendo, es tiempo de seguir amando y creyendo que amar es posible. Te espero la próxima semana, para reflexionar sobre el segundo tipo de amor.
Con cariño, Profe Beto Maldonado.
