Una aproximación a los cuatro amores de Lewis: Eros

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez. 

El concepto del amor, para los seres humanos y las deidades ha sido la oportunidad para seguir experimentando la cercanía y el vínculo que une a personas y naciones. 

Hemos compartido, como Lewis, en su obra los cuatro amores, nos regala la oportunidad de reflexionar sobre estas cuatro maneras en que compartimos el amor, no basta una sola palabra, son diversas las maneras que tenemos de decir, compartir y expresar el concepto del amor. 

Hablamos de la importancia del afecto, un amor que muchas veces damos por hecho y hasta merecedores somos, pues el hecho de ser parte de un grupo socialdebería ser suficiente para poder experimentarlo, sin embargo, sabemos que no es del todo aplicable en nuestro contexto, donde cada vez se ven fracturados esos vínculos en el hogar, entre las mismas familias que son donadoras del afecto. 

También, hablamos de cuando ese amor trasciende los límites de un núcleo central como lo es el hogar y entonces damos cabida a los otros, a aquellas personas que decidimos hacer parte de nuestras experiencias, con quienes muchas veces compartimos nuestra existencia y nuestras vivencias. La amistad, como ese tipo de amor que se manifiesta entre los seres humanos y que nos da la oportunidad de experimentar el amor, un amor que construimos, en el dialogo, en la cercanía y en la convivencia, un amor que trasciende lo carnal, lo físico y le dota de un elemento incluso espiritual, pues “la amistad busca almas desnudas” (Lewis) 

El fin de semana, mercadológicamente hemos vivido la celebración del día del amor y la amistad y entonces la sociedad se ha volcado a las calles, las plazas, el turismo porque buscamos y esperamos un día en que todo pareciera convertirse en amor, o por lo menos eso se cree, pues no necesariamente será ello. Y entonces, el mercado no ha dicho que todos en esta fecha podemos expresar nuestro amor. 

Surgen varias preguntas ¿entonces solo se puede amar un día? ¿es este el verdadero remedio a lo rutinario de las relaciones humanas? Y es que no digo que amar sea una rutina, si bien la música lo ha dicho: “No cabe duda, que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor”, amar es una renovación que se hace cada día. 

Lewis entonces presenta el tercer tipo de amor: Eros. Ya habíamos hablado acerca del origen de Eros, esa abundancia que existe en él, heredada de su padre Poros; y a su vez las múltiples carencias que devienen debido a su madre Penia. Hablemos entonces del amor Eros. 

Siendo un amor diferente, parafraseando a Lewis, Eros buscará cuerpos desnudos, instantes, temporalidad. 

Me apoyaré del filósofo existencialista Kierkegaard, quien también habla del concepto del amor y nos dice que Eros, es el amor del instante. Eros es el producto de un proceso de exhibición y resguardo, de mostrar y ocultar; es la ocasión de la coquetería y la galantería para construir una relación que muchas veces se consolida en lo efímero. 

Eros sin duda es un amor que hay que orientar y acompañar, para evitar perderse en lo banal que puede resultar lo temporal. Esto es la seducción, un alma, un cuerpo, una nación que se muestra; que da destellos de lo que es y lo que puede ser, es un juego de poderes como otros autores lo podrán llamar (Foucault). 

Es un mostrarse, hacer evidente un poco de lo que somos, física y espiritualmente, lo que hace del proceso una experiencia de cercanía de cotejo y de confidencialidad. Es el impulso que tenemos para vestir de una manera especial para las personas que amamos, de usar aquella loción que cautiva, es mostrar un poco de lo corpóreo, un tanto de lo intelectual y algo de nuestra esencia espiritual; es un cotejo magistral, que mantiene la atención, es un ritual sagrado que se vive y que llena de tensión y de emoción cada encuentro. 

Pasó lo mismo con los procesos de conquista de las naciones, fue un proceso de seducción, entre las armas, las profecías y las tradiciones. Eros está presente en muchas de nuestras realidades como personas, como sociedades, se cuela. Y si en muchas realidades está, en la humana no puede quedarse fuera. 

Eros, invita entonces a esa cercanía del instante, para ello el género humano ha sido dotado de dos grandes dones, la coquetería y la galantería, dada a las mujeres y a los hombres, cuya intención es la misma, es dejar entrar a Eros en la relación. 

Hasta aquí, podemos ver que entonces toda relación amorosa implica tres actores, siempre una relación estará integrada por el amado, el amante y el amor mismo. Si verdaderamente existe un vínculo amoroso, no podemos dejar al margen al amor, que se puede manifestar como hasta hoy lo hemos visto en tres facetas diferentes. 

Eros, entonces puede ser un amor del instante si no se deja acompañar, si no es capaz de llevar su carro alado, donde sus pasiones y sus sentimientos se dejen guiar por su cochero. Y es que no es fácil en los terrenos del amor, entender y separar, comprender y caminar. Es solo un instante y como tal, fugaz el momento que se tiene para tomar acciones frente al otro, frente al objeto del amor que el amante tiene y es su deseo compartir. 

En la actualidad, Eros es quizá el amor del momento, en la epoca de las relaciones liquidas, no existe nada que no supere al instante, un momento que puede ser aplazado constantemente, como renovando licencias y permisos, contratos temporales, pero saber que, en algún momento, se puede acabar, es parte de la sociedad liquida que presentó Bauman. Hay que ser lo suficientemente astutos para salir cuando el momento temido llegue “Entonces, ¿Qué somos?” en ese momento, una relación integrada únicamente por Eros descontrolado teme, no concibe el compromiso con la otra persona, no es algo que se busca y en consecuencia se acaba.

Muchos hemos sido presas de ese caballo alado de Eros, donde es complicado la toma de decisiones trascendentales y en nombre de un disfrutar la vida, se adentra en los terrenos de lo temporal. 

Para Kierkegaard, en sus estadios de vida, Eros lo podremos encontrar en el estético y es una posible llamada a migrar a lo ético, sin embargo, no siempre se logra el salto o a veces el salto puede darse a la inversa. El posible antídoto puede ser el matrimonio, pero lo advierte el mismo Kierkegaard a quien parafraseo, es la creación más bipolar que existe, es malévolo; pues por una parte es la creación más celestial, pues se entrega por completo a una sola persona y por otra la más diabólica, pues es renunciar a las demás por conservar una sola. 

Eros es una oportunidad de amar, nos invita a contemplar el mundo desde una mirada diferente, donde amar, se da por esa combinación de la belleza o la fealdad, donde se comparten ideales, se despiertan intereses y se cautivan con experiencias. Es nuestro compromiso, como Platón en el carro alado, mantener el equilibrio para evitar desbocar nuestro carruaje y entonces estacionarnos en cualquiera de los dos extremos, pues como diría la sabiduría popular, “ni tanto que queme al santo, ni poco que lo ilumine”, no nos acostumbremos a la abundancia que por su padre Poros, Eros nos puede dar; pero tampoco quedarnos hundidos en las penas que por su madre podríamos experimentar. 

Sigamos disfrutando del mes del amor, porque amar, sigue siendo uno de los grandes remedios para la sociedad, sigue dando la oportunidad para soñar, para construir y sobre todo transformar, como Shakespeare lo dijo “Oh amor que haces de la bestia un hombre, pero también puedes convertir a un hombre en bestia” 

Te deseo una gran semana, hasta la próxima. 

Con cariño: Profe Beto Maldonado.

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