Volver a empezar: una oportunidad para crecer

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

Los comienzos siempre son buenos, es la oportunidad que tenemos cada día de hacer las cosas diferentes y de seguir aprendiendo cada día. Comenzar, no siempre es fácil; implica muchas veces renuncias, distancias y cambios que en ocasiones pueden parecer drásticos. Sin embargo, muchas veces son necesarios para avanzar. 

Cuando estudiaba la preparatoria y el deseo por leer se hacía un hábito, descubría un cuento, en aquellos libros de superación personal que en algún momento todos hemos leído, o la mayoría de nosotros nos hemos acercado a esta literatura inspiracional. 

El cuento hablaba de un maestro que viajaba acompañado de su discípulo, en medio de grandes lecciones y profundas disertaciones. En alguna ocasión el maestro llevó a su alumno a visitar una familia que vivía en la cima de un cerro, una familia sencilla que contaba con lo necesario para su subsistencia.

En aquella pequeña casa, vivía una pareja y sus dos pequeños hijos; entre sus pertenecías mas preciadas era una vaca, misma que los ayudaba a obtener recurso para satisfacer sus necesidades. Cada mañana el padre se levantaba a ordeñar la vaca, la esposa ayudaba a preparar las garrafas de leche y preparaban un pequeño triciclo donde todos los días religiosamente iniciaba su descenso al pueblo, repartiendo litros de leche entre los habitantes de la comunidad. Así hasta llegar al mercado del pueblo y comprar lo necesario para alimentar a su familia. 

El discípulo conoció la historia y el contexto de aquella familia y terminada la visita salieron de aquella pequeña casa. Permanecieron cerca de la casa, esperando a que anocheciera. Cuando la noche llegó y todos estaban descansando, el maestro se acerco al lugar en que tenían a la vaca, quitó el nudo que la mantenía atada y la llevo a la orilla de aquel cerro donde se encontraban. Pidió a su alumno que la empujara: ¡Empuja la vaquita!, se negó, no comprendía porque su maestro que siempre había acompañado con lecciones de humanidad estaría pidiéndole aquello. Al negarse, fue el mismo maestro quien empuja la vaquita y entonces se retiran del lugar. 

El alumno evidentemente dañado por ese momentopensaba en la maldad que había conocido. Pasaron un par de años y el alumno atormentado decidió nuevamente subir a aquel lugar, se dio cuenta que no estaba aquella pequeña casita que había conocido, se preocupó y pensó en el fatal destino de la familia, tras la perdida de lo único que les ayudaba a conseguir el sustento. 

Se acercó cauteloso a una casa que había sido construida cerca del lugar que el recordaba y llamó a la puerta, se acercó a abrir una mujer y tras ella dos niños. La mujer le reconoció y le pidió que pasara y esperara a que llegara su esposo. Un par de horas después llego y empezó a compartir que tiempo atrás, su vaquita se había despeñado y entonces perdieron lo más valioso que hasta ese momento tenían. Ante la perdida de la vaquita, tuvieron que tomar decisiones diferentes que les permitieran sobrellevar aquella perdida de su fuente de trabajo, surgieron los talentos y entonces se dieron cuenta que haber perdido la vaquita fue lo mejor que les pudo haber pasado, pues los llevo a crecer. Si la vaquita hubiera seguido, quizá ellos seguirían en las mismas condiciones. Aquel joven aprendiz se despidió y bajó a buscar a su maestro, por la lección que le había compartido. 

Muchas veces en nuestras vidas tenemos nuestras propias vaquitas, sabemos que es aquello que nos da seguridad y nos empeñamos en conservarlo a costa de todo. Nos sentimos cómodos, tranquilos y nos impide ver otros horizontes. 

Sin embargo, en la vida tenemos grandes lecciones, muchas de ellas son dolorosas, son renuncias que calan en lo profundo de nuestras convicciones, son pérdidas que parecen arrebatarnos el sentido de nuestra existencia. Quizá sea cierto lo que Francisco decía, parafraseo, al mundo de hoy le hace falta llorar. Y es que cuando experimentamos el llanto, las lágrimas, recordaremos que, al limpiar nuestros ojos, nuestra mirada se cristaliza, se hace más clara, en ocasiones la misma luz nos deslumbra, pero nos orienta a seguir, a volver a comenzar. 

Esas “vaquitas” que hemos apropiado en ocasiones es necesario liberarlas, dejarlas ir, pues, aunque doloroso, el despegarnos de las costumbres, los apegos, las situaciones, las instituciones, nos hacen descubrir el gran potencial que tenemos para continuar y desarrollarnos como personas, profesionistas y ciudadanos. 

Muchas veces como docentes, llevamos en las entrañas aquella misión de ser exploradores, inspiradores y custodios de los grandes sueños que se forman en las aulas, a pesar muchas veces de los contextos particulares de nuestros alumnos, de sus familias, nos aventuramos a creer y siempre saldrá de nosotros un genuino: “¡Si se puede!”  “¡Sigue adelante!”, es parte de las grandes convicciones de quienes estamos en el aula. 

Pero entonces, cuando tenemos que preguntarnos sobre nuestras propias vaquitas ¿Qué decisiones tomamos?  Es necesario muchas veces hacer una pausa y entonces pensar en cuales son aquellos apegos, aquellas situaciones que nos impiden ser mejores formadores.

No solo aplica al docente, también al padre de familia, al abuelo, al empresario. Aplica a cada uno de los que permitimos sentirnos y reconocernos, seres en constante construcción. 

Hoy felicito a quienes se levantan con un nuevo deseo, con grandes sueños que cumplir. 

A ti que celebras un cumpleaños diferente, con ajustes en los planes que tenías, pero con un alma dispuesta disfrutar de la experiencia de la existencia. Felicidades por tus logros, por el tiempo transcurridos y los nuevos sueños que hoy comienzan. 

También aplaudo a ti, que hoy comienzas un nuevo semestre, que vuelves con ilusiones para seguir creciendo y perfeccionando tus saberes, preparándote con esfuerzo y constante dedicación en cada clase, en cada experiencia que te regala la etapa formativa en que te encuentras. 

Sin duda a cada uno de los que hoy comienzan en un nuevo trabajo, con un nuevo emprendimiento, con grandes sueños que desean alcanzar, no siempre es fácil dejar las seguridades, pero la vida misma se encarga de acompañarnos con grandes experiencias que nos hacen valorar y agradecer lo que fue y lo que vendrá. 

Hoy es un buen día para pensar en cuantas vaquitas hemos tenido que dejar, cuales seguridades se han quedado atrás. Hoy es la oportunidad para poder recomenzar y hacerlo con pasión y desde el corazón. 

Hasta pronto, con cariño Profe Beto Maldonado.

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