Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez
“Profe, ¿a quién le hacemos caso? Usted nos dice que hay que soñar, que hay que prepararnos y apasionarnos. Pero hoy llego una maestra en la primera clase y nos dijo que ni nos preocupemos, que para que estudiamos si al final todo está lleno de corrupción”
Llegar a un salón siempre es la oportunidad para poder hacer la diferencia en nuestro día, en la vida de los demás y en el cambio de nuestra sociedad. La vocación a la que hemos sido llamados los docentes, es sin duda una gran responsabilidad y un llamado social para transformar o reconfigurar nuestros entornos.
Si la vida es breve, como lo han citado muchos autores, que nuestro breve paso sea la oportunidad de hacer la diferencia día a día, desde el llegar y saludar, permitir a los alumnos entender que su docente es un humano más, no es un semidios o en el mas grave de los casos alguno que se crea dios; somos tan frágiles como todos, sensibles y cambiantes, pero sobre todo finitos. Por ello mientras nuestro recorrido sigue, tenemos la oportunidad de transformar algo tan pequeño como lo es un salón, algo aun más pequeño como lo es la vida de una persona.
Desde hace algunos años, entendí que la vocación docente, sobre todo en el contexto universitario, se da en un contexto de accidente. Es decir, muchas veces somos un número significativo de los profesionistas que tenemos en la docencia una “salida” para un ingreso y sustento. Y no está mal, lo que realmente considero una deslealtad es permanecer en un ejercicio profesional donde no estás convencido de lo que buscas, donde a lo largo de los años vas sacrificando el proceso de cientos y quizá miles de alumnos con un sentimiento de enojo, de frustración y de total desesperanza.
Parafraseando a Francesc Torralba, la desesperanza es un virus que lentamente va propagándose y termina afectando a todo el sistema, no solo el escolar, sino el educativo en su conjunto. Y es que ¿qué puede ofrecer un profesor, docente o educador, que no espera ya en nada? Esa es la triste realidad del relato inicial de este lunes.
No podemos negar el abandono, las muchas incongruencias del estado y del sector privado en relación con los docentes y la deuda histórica que se sigue haciendo presente, pero tampoco debemosencerrarnos en ese escenario. Al fin de cuentas, la docencia es una “salida más”, sería más valiente que,aquel que, cansado de atender grupos, de acompañar procesos y de formar o transformar personas, decida dejar la educación, permitir a otros que estén convencidos de lo que implica impartir una clase, de llegar a un salón y construir sueños tengan un lugar en el escenario.
Como docentes necesitamos ser conscientes del gran valor que tenemos en la historia, dejar atrás el pesimismo, la apatía y asumir desde la convicción el papel que tenemos para la construcción de sociedades diferentes.
La afirmación de aquella docente, me dejo helado por un momento, pero también me invitó a mirar de frente a los alumnos para poder seguir acompañando a aquellos que quieren seguir en los pasillos y salones de los centros universitarios, de empatizar y compartir herramientas que cada uno sabrá utilizar en algún momento de su vida, como individuos y como profesionistas.
También fue la invitación para reconocer que más allá de romantizar la docencia, como muchas veces lo han hecho saber, es dignificar a la misma y a su vez ella dignifica a la mujer y al hombre que presta su vitalidad, su conocimiento y su interés por formar al ciudadano, para que esté “comulgue con el alma de la polis” (Platón)
Queridas y queridos alumnos, no pierdan de vista sus sueños, sigan construyendo y aunque a veces el pequeño o el gran esfuerzo que hacen parezca insignificante para generaciones cansadas y fatalistas, sean ustedes constructores de su propio contexto, de cara a la verdad, la responsabilidad, el progreso y una ética de corresponsabilidad con el mañana.
Queridas y queridos colegas, seamos valientes para descubrir que, en medio de una vocación por accidente, se puede descubrir una gran pasión y con ella transformar el contexto y millares de vidas a lo largo del ejercicio profesional. Es verdad que no todo es miel sobre hojuelas, es cierto que siempre habrá trabas en el camino, pero tendiendo manos y construyendo puentes con las nuevas generaciones podremos recuperar todos los días el impulso de los mejores años en la educación y en el servicio a la sociedad.
Gracias por acompañarme y quedarte aquí. Te deseo un excelente inicio de semana, el último empujoncito antes del receso escolar que se avecina.
Con cariño, Prof. Beto Maldonado.
