En la política local, los momentos de reacomodo son el filtro perfecto para revelar de qué está hecho cada perfil. Lo que hoy se observa en el cabildo de Cortazar no es una crisis ni una fractura, es una depuración natural y absolutamente necesaria.
Mientras el proyecto municipal que encabeza Mauricio Estefanía mantiene el paso firme y la batuta enfocada en los resultados, hay quienes siguen confundiendo el servicio público con una agencia de colocación personal.
La reciente salida de la síndica y un regidor de su fracción original confirma un patrón que la gente ya no pasa por alto: el oportunismo. Cuando los actores políticos se dedican a coleccionar colores partidistas y saltar de un lado a otro buscando el mejor acomodo, su salida no resta, al contrario, suma claridad. En un proyecto de ciudad, no todos pueden ser el delantero que se lleva la foto y los aplausos; se requiere madurez para entender el rol que toca jugar en el equipo.
Quienes ven el ayuntamiento como una puerta giratoria demuestran que su única lealtad es con sus propias ambiciones.
Por otro lado, figuras como Diego Estefanía evidencian la enorme diferencia entre operar desde una agenda aislada y asumir la responsabilidad real de gobernar. Como en una mano, es natural que los dedos no sean iguales y existan distintas visiones, pero cuando la intención es figurar en solitario y no construir, el contraste es evidente.
Frente a esas distracciones individuales, hoy en Cortazar hay una administración que toma los retos.
Lejos de la narrativa que algunos intentan vender, la primera fuerza política a nivel municipal se consolida al soltar perfiles inestables. La gobernabilidad y el diálogo están garantizados para quienes quieran sumar, pero bajo una regla innegociable: aquí se viene a dar resultados, no a simular.
La reciente intervención de la Contraloría para auditar y suspender funciones de quienes no presentan planes de trabajo estructurados es el mensaje más claro de esta administración. Hay mano dura cuando se requiere y el orden, como debe ser, está empezando desde adentro. En Cortazar ya no hay tiempo para distracciones ni egos; o se tiene convicción por la ciudad, o mejor que sigan buscando en qué partido aterrizar mañana.
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