En ocasiones es necesario no hacer nada

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

Esta semana, me gustaría dedicar un pensamiento sobre el periodo de descanso que muchas familias disfrutaron o siguen disfrutando, una pausa en medio de las celebraciones de Semana Santa y Pascua. 

Los “tiempos modernos”, nos han hecho creer que el descanso es una “pérdida de tiempo”, y entonces no está permitido al hombre poder desconectarse, dejar el ritmo de la empresa, del negocio y poder hacer algo diferente o simplemente no hacer nada. Producir y generar es lo único que queda en un sistema económico, que exige doble turno o días sin descanso con mayor percepción económica. 

Ya escribí un poco sobre el acto de rebeldía que implica para todos, el hecho de pensar, reflexionar y sobre todo dedicar un poco de tiempo para el crecimiento personal, el desarrollo humano; está es una oportunidad que tenemos para ser conscientes de nuestra propia existencia, algo que pareciera estar en contra de una sociedad que mantiene un ritmo acelerado. Ser mujeres y hombres que piensen diferente es ya un acto contracultural, es ir contra un sistema, para hacerlo consciente de la humanidad que existe en aquellos que hoy, todavía, lo hacen funcionar. 

Es así como se ha entendido, “una vida intensa, hoy implica, sobre todo, más rendimiento o más consumo” (Byung -Chul Han), por tanto, frenar parece algo complicado, detenerse es casi imposible en un mundo que implica producción, ganancias, beneficios económicos. Algo que aparentemente no puede dar el descanso y en consecuencia se entregan horas hombre a una línea de producción, a un horario de oficina. 

Y es que trabajar no es lo malo, el gran problema es cuando trabajamos tanto que desatendemos lo importante: la salud, la familia, las amistades, la espiritualidad, todo aquello que suma a la experiencia humana y permite muchas veces descubrir el sentido de nuestra propia existencia. 

El verdadero trabajo dignifica la experiencia humana, no es aquel que enajena, que mantiene secuestrados a tantos hombres y mujeres. Hoy sabemos que la esclavitud no debería existir; pero lo cierto es que sigue existiendo. Muchas veces la esclavitud está presente en la vida de las personas, esclavos de un mercado que exige tener las “mejores marcas”, los grandes viajes y los muchos “likes”; evidentemente para estar en sintonía, para no desconectarse de lo que es tendencia, hay que tener lo mejor y muchas veces lo mejor se consigue sacrificando los tiempos de descanso, los tiempos de familia, la inactividad que es provechosa para el fortalecimiento de la identidad personal. 

No es una apología al sin quehacer, a la completa inactividad, pero si es una oportunidad para buscar recuperar la virtud, el trabajo como una oportunidad de crecimiento y no como un obstáculo para el crecimiento y desarrollo humano y social. Porque muchas veces es bueno hacer nada y dentro de ello descubrimos grandes cosas. 

Hoy pensemos un poco: ¿Qué tanto tiempo dedicamos a la vida contemplativa? ¿Cuántas veces te das la oportunidad de sentarte, de sentir y verdaderamente vivir? El mundo industrializado seguirá, pero nosotros, cuando podremos sentarnos, descansar y respirar para volver a resignificar el trabajo y el descanso. 

Deseo que los días que restan de descanso, podamos disfrutar de conectar con nuestra esencia, con nuestras convicciones y poder aprovechar para descubrir nuestras pasiones. 

Con cariño, profe. Beto Maldonado. 

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