¡Hay que ser rebeldes! ¡Detente! 

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

«El mejor servicio que podemos prestar a la humanidad es nuestro crecimiento interior.” Pablo D´Ors. 

La semana pasada reflexionaba sobre la vocación de los docentes y el gran impacto que tiene en la vida y dinámica de la sociedad. Aunque es verdad que no siempre es reconocida la figura y mucho menos su labor docente, invitaba a descubrir en cada uno de los llamados o la historia personal el anhelo por la construcción de una sociedad diferente, donde podamos compartir y convivir en armonía. 

Y desgraciadamente, vivimos acontecimientos que no pueden pasar desapercibidos en la vida de los miles de docentes que día a día salen a las escuelas para ejercer su vocación. Son acontecimientos que dañan, que duelen y sobre todo que llevan a muchos a replantear la opción por la educación. 

No es fácil ser un docente en nuestros tiempos. Son muchos retos, múltiples son los frentes que se presentan para tantas mujeres y hombres que entran a un salón de clases para inspirar, acompañar y ponerlo mejor de si para la reconstrucción de nuestro tejido. 

Sin embargo, agobian las preguntas, ¿qué más tenemos que hacer? ¿hasta dónde podemos llegar? ¿con quién podemos contar? Entre otras tantas que llegan y nos hacen aterrizar nuestros pensamientos. 

Con tristeza leía comentarios, juicios de la sociedad que aludían al magisterio y otras tantas que referían a la familia del menor, muchos más a las redes sociales y las modas que se instalan. En un ejercicio sano, no soy alguien que pueda emitir un veredicto. 

Lo que sí me ha regalado la experiencia es precisamente el contacto con las diferentes etapas de la vida, desde las infancias hasta la etapa de madurez, en diferentes niveles educativos y es cierto que en ello se descubre munchas cosas, y no pretendo decir algo nuevo, pero si invitar a reflexionar desde diferentes escenarios nuestra misión y compromiso de cara a la sociedad en que vivimos. 

Por ello quise iniciar con la frase de Pablo D´Ors, pues me llena de sentido creer que lo mejor que podemos hacer es un gran esfuerzo por crecer interiormente en un mundo que nos ha robado la interioridad y la intimidad. Es fácil sucumbir a lo inmediato, a lo que aparenta pero que no llena, a esas simulaciones de las que muchas veces somos víctimas, a esos procesos que se convierten solamente en estadísticas, sin impactar realmente en las entrañas para lograr cambios. 

Así, el Sistema Educativo, deberá pensar en los procesos que ha incluido en la educación, muchas veces sin considerar al docente, sin tener en cuenta a quienes todos los días se enfrentan desde lo múltiples contextos a un sinfín de precariedades. No se trata solo de adoptar posturas por cumplir, no basta con decir que somos un sistema educativo donde se promueven los derechos humanos, cuando existen millones de niños que no tienen ni siquiera identidad, que no tienen un docente para acompañarlos, no basta con hablar y firmar, es necesario que se viva desde las entrañas un acompañamiento a todos los actores educativos. No es suficiente con números que se ven proyectados en papel o grandes pantallas, es necesario ver la condición en que viven los alumnos, en que se encuentran sus escuelas, en que trabajan millares de docentes rurales. Uno de los temas más preocupantes es la inclusión, cuando no se tienen los espacios, ni la formación profesional para acompañar a la diversidad. 

Como sociedad necesitamos despertar, es tiempo de quitar las vendas y hacer un ejercicio critico de lo que implica la educación. La mejor escuela no es la que más herramientas tecnológicas va a tener, no es aquella que funciona a modo de guardería, es aquel hogar donde los hijos se sienten parte, es cierto que no se puede ser perfecto y que, incluso teniendo el tiempo, los recursos y las personas, muchas veces se vive el fracaso, pero no podemos delegar completamente a las escuelas, a los especialistas y a la tecnología la formación de los más jóvenes. Se requiere de acompañamiento, de aprender a estar y compartir, hoy dos verbos que nos cuesta comprender, por el vaivén de la vida, por el ajetreo de las experiencias y el sinsentido que nos invade. 

Como docentes, necesitamos trabajar en nosotros mismos, pensar en nuestra propia experiencia, de cara a la verdad, entender que no siempre podremos hacer algo por todos, sin embargo, nuestros esfuerzos ya han transformado las vidas de millones de personas a lo largo de la historia. Mi invitación siempre ha sido, trata con respeto, escucha sin juzgar y acompaña a quien quiere caminar. La sociedad moderna, muchas veces victima del abandono y desconocimiento de su propia persona, nos juzgarán, pero nadie conoce mejor que tu el gran corazón que pones en cada turno, con cada lección. También somos humanos y por eso tenemos que aprender a reconocernos, a descubrirnos constantemente y sobre todo a construirnos desde una mirada de cercanía hacia nosotros. “Conócete a ti mismo”, reza la sentencia de los griegos, es necesario estar bien con nosotros para poder avanzar.

Este es nuestro acto de rebeldía, pensar en nuestro interior, en nuestro crecimiento, no únicamente como profesores, también como padre de familia, como alumnos y sociedad. Todos, deberíamos hacer por lo menos el intento de quitar las caretas que nos hemos puesto, de vencer los estereotipos y crecer desde la convicción, desde el reconocimiento sincero de nuestras fallas, aunque muchas veces sea doloroso, pues una herida que no es curada, no siempre sana; muchas veces tendremos que partir desde ahí, desde lo más intimo para poder transformar. 

Este periodo de descanso, deseo que sea la ocasión para pensar y reflexionar, para darte el tiempo de hacer un ejercicio a consciencia de tu persona, de tu compromiso y función en la sociedad. Es un tiempo que permite no solo desconectarte de la rutina, también invita a un ejercicio de introspección, al que muchas veces se rehúye por temor a lo que ahí se encuentra y que pocas veces se atiende. 

Que la experiencia sea grata y te llene de sentido, para juntos seguir construyendo y colaborando con un mundo más humano y cercano. 

Con cariño Prof. Beto Maldonado.

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