Celaya, Gto. Después de una vida marcada por la lucha, las cirugías y el desafío de enfrentar los prejuicios sociales, Adrián Silvadoray Martínez falleció este lunes. Su historia trascendió las fronteras de Celaya cuando se convirtió en el primer mexicano aceptado en los protocolos médicos para recibir un trasplante de rostro, una intervención que buscaba darle una nueva oportunidad de vida.
Su historia comenzó cuando tenía apenas seis años. Mientras jugaba futbol con otros niños en Celaya, fue rociado con gasolina por un adolescente, lo que provocó un incendio que le ocasionó quemaduras de tercer grado en el 75% de su cuerpo, principalmente en el rostro, los brazos y una pierna. Permaneció entre siete y ocho meses hospitalizado y estuvo en peligro de muerte debido a la gravedad de sus lesiones.
A partir de entonces comenzó un largo camino de tratamientos, rehabilitaciones y operaciones reconstructivas. Primero recibió atención médica en León y posteriormente fue trasladado a la Ciudad de México, donde continuó su tratamiento. En una entrevista concedida en 2013 a los periodistas Arlett Cárdenas y César Feliciano, Adrián contó que hasta ese momento acumulaba 39 cirugías para reconstruir su rostro, sin contar los lavados quirúrgicos.
“Cuando fue el accidente fueron siete u ocho meses que estuve internado, no podía ni salir del cuarto porque el 90% de pacientes de quemaduras mueren por infecciones. Después fue estar yendo a rehabilitación, recuperación, cirugías de reconstrucción, el doctor procuraba hacerlas en periodos vacacionales. Seguía yendo a la escuela, nunca perdí, inclusive cuando pude recibir visitas vinieron mis maestros de la primaria”, relató en dicha entrevista.
Pese a las dificultades, nunca renunció a continuar con su vida. Siguió estudiando, concluyó la preparatoria abierta y consiguió su primer empleo a los 27 años. Siempre reconoció que el respaldo de su familia, particularmente de su mamá y sus hermanas, así como el de sus amigos, fue fundamental para mantenerse de pie.
“No ha sido fácil, pero sí tienes que entrarle, no hay de otra o le sigues o le sigues”, expresó al hablar de cómo encontró fuerzas para continuar. También reconoció que el apoyo de sus seres queridos era su principal motivación: “Es la única forma de pagarles el que tú no te vayas abajo, que le eches las ganas, que salgas adelante”, señaló.
En junio de 2013 recibió una noticia que renovó sus esperanzas. Después de someterse a diferentes valoraciones en el Hospital General Dr. Manuel Gea González, fue aceptado en todos los protocolos para convertirse en candidato al trasplante de rostro. La posibilidad de someterse a una intervención de entre 25 y 30 horas representaba la oportunidad de mejorar su calidad de vida después de décadas de tratamientos.
“Mil gracias a todos por su apoyo, fui aceptado en todos los protocolos, hoy ya es un hecho: será celayense el siguiente trasplante de rostro en México, no será fácil, pero estoy seguro que será un éxito”, compartió entonces en sus redes sociales, emocionado por haber superado las primeras etapas de selección.
Sin embargo, más allá de las secuelas físicas, Adrián también habló abiertamente de las dificultades que enfrentó por la discriminación y las miradas de rechazo. Contó que muchas veces no encontraba las mismas oportunidades en espacios públicos, escolares y laborales debido a su apariencia. “Lo más difícil ha sido el rechazo porque sí hay rechazo, sí hay prejuicios, sí hay discriminación hasta la fecha y hasta el momento lo sigo viviendo y lo seguimos pasando”, relató.
Su historia dejó un testimonio de perseverancia frente a las adversidades y de la importancia del acompañamiento familiar. Adrián no solamente enfrentó durante décadas las consecuencias de aquel accidente ocurrido en su infancia, también hizo visible una realidad que muchas personas con secuelas físicas viven cotidianamente: la discriminación y la falta de aceptación social.
La noticia de su fallecimiento fue confirmada este lunes por su hermana, Lorena Silvadoray Martínez a través de una publicación en Facebook.
“Hoy voló mi súper héroe el que nunca ocupó capa, el que le tocó una vida llena de gran sufrimiento ese que tuvo los huevos para salir todos los días a la calle a enfrentar miradas y juicios, él que supo ser el mejor hermano, hijo, tío, primo y amigo. Mi compañero de viaje, de aventuras. Estoy hecha pedazos en mi corazón y mi alma, pero con la certeza que ya estás con Dios, creo que llegaste directamente y sin desviación. Te voy a extrañar un chingo, pero un chingo. Ya descansa hermano lo mereces. Te amo y te amaré hasta mi último suspiro. ¡Abraza a mis hijos, a mi papá y a mi hermano!”, señaló en su publicación.
Descansa en paz.
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