San Miguel de Ixtla, referente histórico de Apaseo el Grande

Apaseo el Grande, Gto.- San Miguel de Ixtla, representó un enclave importante en el antiguo Camino Real de Tierra Adentro, la famosa ruta de la plata que conectaba el centro de México con el norte, lo que en la actualidad lo convierte en un punto de referencia histórica.

Fundado en 1550 (o 1551 según algunos registros) por dos caciques provenientes de Querétaro, Juan Alexos y Juan Ximenes de la Mota, el pueblo surgió con el objetivo de expandir el territorio hacia el norte durante el inicio de la Guerra Chichimeca. Esto lo integró rápidamente a la red del Camino Real, donde funcionó como punto de paso y protección para los viajeros que transportaban minerales y provisiones desde las zonas mineras.

José Armando de Jesús Mendieta, guía turístico certificado del municipio, explica que la comunidad llegó a tener una base militar y un presidio para defenderse de los frecuentes ataques chichimecas; hoy solo quedan ruinas de ese presidio, con algunos muros aún visibles.

Gracias a su posición estratégica en esta ruta comercial, Ixtla experimentó un notable crecimiento durante el siglo XVII, época de su mayor auge. Se construyeron más de 80 capillas, oratorios y templos (algunos creen que superaron las 100), impulsados por un intenso proceso de evangelización entre la población de origen otomí (o Ñañu/hñähñu) y los asentamientos españoles. Cada familia solía tener su propia capilla familiar dedicada a un santo, cuidado por el jefe de hogar y heredado al primogénito varón. El padrino del santo velaba por el cumplimiento de las normas y las festividades.

Entre los principales destacan tres templos: la parroquia de San Miguel Arcángel, el templo de San Isidro y el del Señor de Ojo Zarco. Muchas capillas datan del siglo XVII, aunque algunas, como la del Señor de Ojo Zarco (siglo XVIII), muestran un claro sincretismo religioso: su cruz atrial incluye la inscripción latina INRI, pero también un sol (padre) y una luna con estrellas (madre) de la cosmovisión otomí.

Con el tiempo, muchas capillas se perdieron: algunas se derrumbaron, otras quedaron dentro de casas modernas o se convirtieron en corrales. Factores como la Revolución Mexicana, la Guerra Cristera, saqueos en busca de tesoros y el paso del tiempo destruyeron gran parte de este patrimonio. Entre 1997 y 2006, el INAH intervino y restauró cuatro capillas y dos templos, incluyendo la capilla “La Pinta”, que conserva pinturas en excelente estado.

Hoy sobreviven pocas capillas en buen estado, protegidas por la comunidad. El templo del Señor de Ojo Zarco aún mantiene su campana original y recibe devotos que dejan ofrendas, como mechones de cabello en promesas de fe.

Esta herencia hace de San Miguel de Ixtla un sitio de gran valor histórico, cultural y espiritual, ligado a la ruta virreinal y al mestizaje religioso del Bajío.

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