Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez
“La alegría es comunicativa y por esta razón no hay nadie que aleccione mejor en la alegría, que quien es alegre” Kierkegaard.
Somos personas que estamos llenos de emociones, sentimientos y muchas pasiones, no somos ajenos al contexto en que nosotros vivimos todos los días y esto nos hace susceptibles a experimentar constantemente un recorrido emocional en nuestro día a día.
Cada uno de nosotros tenemos una función muy particular dentro de la vida en sociedad y cada cual es significativa para el alcance de los fines de la existencia humana y social. Por ello todos los días comenzamos nuestros propios rituales, por que la vida esta llena de ellos, desde los mas simples hasta aquellos que encierran el misterio más sublime, pero todos rituales que nos llevan a experimentar ciertas emociones en nuestro paso por la existencia.
Hoy estamos llamados a ser alegres, no como una imposición, ni la única opción que tenemos para vivir la existencia humana, pero si como un ideal que nos permita a todas las personas tener una experiencia diferente frente a las propuestas de la sociedad.
El desarrollo de las sociedades humanas ha tenido avances, es propio de su existencia real como sociedad que camina, que avanza; y ha pasado por varios escenarios, partiendo desde aquellos en que tenía tiempo para los ejercicios de reflexión más profundos, cuando soñó, creyó y creó lo que nosotros hoy podemos aprovechar, aquellos hombres que cuestionaron su existencia, que crearon el drama, la poesía, el teatro, todas las artes que elevan el espíritu humano más allá de su finitud y realidad corporal.
Pero también, ha pasado por episodios en que la técnica ha silenciado sus emociones y sus deseos de contemplar el arte, la belleza y la simplicidad, negándose el tiempo para lo que sus orígenes le permitieron llegar hasta hoy: descansar, disfrutar y reflexionar. La revolución industrial, es un punto clave para la existencia de la humanidad, es en gran parte, el deseo del hombre, el Prometeo moderno, que conquista los conocimientos de la técnica para su propio uso y beneficio, muchas veces sin el menor cuidado y sin la prudencia debida.
Esta sociedad industrializada nos ha llevado a perder la alegría que se comunica, pues en nombre de la producción la persona pasa gran parte de sus días en la empresa, produciendo para generar más ganancia, negándose muchas veces a vivir otras emociones, a experimentar otras realidades, porque la producción no para.
Y es que pareciera que, cuando la persona se da la oportunidad del descanso y del disfrutar, está cometiendo un grave error, que no puede pasar desapercibido, lo que conlleva a la perdida de la alegría por lo que hace.
El mismo Kierkegaard decía, “pierde más el que pierde su pasión que aquel que se pierde en su pasión”, y esto pasa cuando algo apasionante se torna obligación. Esa alegría que representa para cada uno el trabajo, el oficio, la vocación, se torna sin sentido y le arrebata al individuo la oportunidad de ser feliz, generando ese cansancio y hartazgo por lo que se hace, comunicando lo mismo al destinatario final.
Y es que no hay nada más desagradable y cansado que llegar a un lugar para requerir un servicio y encuentres a una persona que te maltrata, que no te orienta o que simplemente no conoce su función en el lugar en que se encuentra.
Es cierto que la sociedad ha dado pasos para mejorar, pero desgraciadamente muchas veces se quedan en las buenas intenciones y los muchos papeles, protocolos y normas que nos ofrecen para atender la experiencia personal y combinar con la vida en sociedad y producción.
“El fin ultimo del hombre es la felicidad”, así lo describe el filosofo griego, es el gran ideal para poder encontrar la oportunidad de ser plenos en la existencia que nos ha sido dada y que ahora toca a cada persona conquistarla. La tarea no siempre es fácil, implica muchas veces ir contracorriente, sin embargo, el esfuerzo constante es la garantía de un logró venidero, así me lo hizo saber aquel joven alumno que me escribía en algún momento donde parecía que la alegría se había escapado.
Pequeños actos todos los días, sonreír, agradecer, saber esperar son esas conquistas que nos permitirán recuperar la alegría en nuestro devenir.
Hasta pronto, con cariño Profe. Beto Maldonado.
