Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez.
El pasado fin de semana, tuve la oportunidad de asistir a una función teatral: “No todas las ballenas quieren volver”.
Supe un poco de la obra, pero más allá del cartel y un recuerdo lejano del protagonista, no conocía más. Al llegar al lugar del encuentro, una dinámica en la antesala del teatro: una mesa, unas tiras de papel, algunos plumones, una botella y una indicación: “¿Te gustaría participar? Sólo escribe aquello que tu corazón más quiere, aquel sueño o anhelo”.
Resultó sencillo para mi el poder escribir aquello que sueño y entonces habría que dejarlo en una botella, sí, en una de esas botellas que hemos visto en el cine, aquellas que nos han descrito en los libros; una botella de cristal llena de cartas, mensajes, etc.
Sin más y a los pocos minutos de haber iniciado la obra, las emociones se hacen presentes al evocar a aquellas personas que ya no están entre nosotros, pero que su paso por nuestra vida ha sido significativo, mujeres y hombres que han logrado hacer mella en el corazón y que sus enseñanzas nos acompañan en este andar, en la oportunidad de vivir y crear nuestra propia existencia desde lo que tenemos y con lo que compartimos.
No sólo ello, en el mismo tren de emociones que JuanFer, el actor, nos hizo vivir, nos llevó también a reconocer lo que muchas veces construimos con esperanza, aquellos deseos que se arraigan en el corazón y son tan fuertes muchas veces que nos hacen, hasta cierto punto, perder la realidad. Perderla en el momento en que es tanta la ilusión, que nos aferramos a algo que quizá hemos construido, pero realmente no sabemos si tendrá o no la existencia que esperamos, así es: construimos nuestros ideales.
En la batalla que todos los días tenemos que enfrentar, el personaje, un adolescente, se enfrenta a esos apegos, a esas ilusiones y todas las batallas internas que vive. Pero considero que no es solo una experiencia que vive el adolescente, hoy en nuestro contexto, hemos crecido muchas veces, pero no hemos tenido el “tiempo” de vivir nuestras etapas y entonces vemos con asombro, como en la vida de adultos se siguen teniendo problemas que se vivían en etapas previas, y es que no es para más, hay cierta obsesión con crecer y convertirse en productivos, que se obliga a la propia existencia a creer que sentir, es decir, vivir los sentimientosnos está prohibido y que se ha venido para producir, para ser útil.
En medio de batallas que tiene el personaje nos ayuda a entender y descubrir a nuestros propios monstruos, aquellos que se disfrazan de dureza, de rarezas, de una cierta frialdad; pero bajo esas extrañas apariencias están aquellos rasgos de la humanidad que hemos descuidado, hay rostros reales y nombres que conocemos, pero muchas veces hemos decidido esconder.
Vuelvo a tocar el tema de la salud emocional, esa nueva tendencia de hacerlo viral y entonces bombardeamos las redes sociales de su importancia, de las posibilidades que se tienen para acercarte a un profesional, pero se sigue teniendo un pendiente importante con este tema y es que ¿cuándo daremos ese tiempo a nuestras personas, en nuestras historias y en cada proyecto? Un tiempo que se necesita para crear vínculos sólidos, no es sólo para un cuidado paliativo, no son cincuenta minutos de relativa calma para salir y volver a un lugar donde pareciera que todo está en contra de uno mismo.
Sin duda, el acompañamiento de los profesionales en las áreas de la salud siempre será un apoyo muy significativo, pero será necesario un trabajo personal para poder salir y enfrentar el mundo real, el contexto en que vivimos con valentía y determinación, tener nuestras propias batallas con aquellos monstruos que acechan constantemente para poder reconocerlos, nombrarlos y conquistarlos.
Pareciera que hoy, vivimos parcialmente nuestra propia extinción, pero no es por un fenómeno cósmico, un acontecimiento climático o un tema de credos; nos acabamos lentamente en una sociedad que ha perdido su humanidad, que es indiferente, que es fría y muchas veces ha entregado su esencia a todo tipo de placebos que le ayuden a mantenerse distante de sí. Es mejor culpar al exterior, al otro que reconocer, sentir y vivir nuestras emociones al parecer una pérdida de tiempo para un mundo siempre ocupado en la producción y distraído de su propia existencia.
Al final, cuando todo parecía concluir una oración que brotó desde el interior, “pedimos al mar que nos de la fuerza para conseguir nuestros sueños o bien la valentía para aprender a soltar y seguir” acto seguido, todos nuestros sueños, anhelos e ilusiones fueron lanzados al mar.
Un reconocimiento a producciones Arlequin y JuanFer, por esta obra que estoy seguro tocó el corazón de muchos en Celaya y en cada escenario que le espera.
¡Gracias por sensibilizarnos!
Deseo que esta semana sea para todos, una oportunidad para identificar a nuestros temores, y dedicar unos minutos al día para vincularnos con los otros, con los que nos rodean y que a su vez luchan con su propia historia, pero también se esfuerzan por seguir a flote.
Con cariño, Profe Beto Maldonado.
