A un lado la soberbia que impide acompañar. 

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

¿Qué pasaría si el día de mañana desaparecieran todos los apoyos económicos por ser “investigador”? ¿Cuál sería tu compromiso real en las aulas actuales? ¿Qué harías si tus cuarenta horas fueran en las aulas?

Querida y querido docente, educar requiere un verdadero acto de sencillez y de humildad frente a la realidad. Fue la curiosidad, lo que detonó en gran medida la producción de los conocimientos, acercarnos a la realidad y comprenderla desde la sorpresa, desde lo simple que se presentó a una humanidad deseosa de conocer y de experimentar, de reconocer y de colaborar. 

Hoy frente a los retos de la Inteligencia artificial, donde tus investigaciones y tu producción cada vez que es analizada por la IA detecta el uso de la misma, aunque no lo sea, ¿Qué de novedoso estás haciendo en las aulas? ¿Por qué ir por los pasillos de las escuelas con ínfulas de grandeza y con baños de pureza? 

Educar implica humildad, es prestar atención no solo a lo grandioso, sino recuperar la mirada por aquello que parece insignificante, por aquel juego entre los niños en los patios escolares, o las preguntas llenas de necesidad de interpretar el mundo se hacen presentes en la aulas de los bachilleratos, en aquellos problemas y discusiones que enfrentan los jóvenes universitarios, en las grandes problemáticas que preocupan a generaciones enteras, que miran el pasado con un sentimiento de tristeza por lo que un día fue y los que angustiados caminan por la vida construyendo un futuro incierto, que no saben si algún día lo alcanzarán. 

Querido profesor, querida profesora; las experiencias de aprendizaje también se dan fuera de los libros, desconectados de las computadoras, separados de los números fríos que te obligan a comprobar tus investigaciones. Parece absurdo que muchas veces la soberbia intelectual, te lleva a tachar como dogma lo que no se puede comprobar, bajo los métodos en los cuales te conviertes experto. Pero ¿No es tu metodología el nuevo dogma de la sociedad? 

Se humilde para reconocer que educar se da desde la sencillez, desde el saludo que brindas a tus colegas, desde el respeto por el tiempo de tus alumnos, se es humilde cuando recocemos el papel de la sociedad, de nuestros alumnos, en la propia construcción de nuestro conocimiento. 

“Lo esencial se aprende fuera de las aulas, se aprende en contacto con la naturaleza, pero para darse cuenta de ello se requiere de una virtud poco común: la humildad” (Torralba) 

Con cariño, profe Beto Maldonado. 

 

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