Por Jesús Humberto Maldonado Rodríguez
“Yo hago lo que usted no puede y usted hace lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas” Madre Teresa de Calcuta
“¿Cómo es posible que los profesores conozcan más a nuestros hijos?” Esa fue la pregunta que resonó en un salón de escuela para padres, un pequeño grupo, como suele ser, que atienden al llamado de los centros educativos, para acompañar los procesos formativos de los hijos.
Y más allá de un reclamo, la pregunta es la oportunidad para hacer un ejercicio de reflexión que muchas veces se ha perdido en la dinámica de nuestros tiempos. Poco tiempo hay para pensar y meditar y menos tiempo hay para acompañar los procesos formativos de los hijos.
Viene a mi recuerdo aquella canción, en la voz de Franco de Vita: “No basta traerlos al mundo porque es obligatorio, porque son la base del matrimonio o porque te equivocaste en la cuenta. No basta con llevarlos a la escuela a que aprendan…” y así una lista de argumentos. No basta en efecto ser papá o mamá, es un llamado importante a la responsabilidad. Se forma una persona y se entrega un ciudadano, una mujer o un hombre que será continuador o transformador de nuestra sociedad y esto no es cualquier cosa, es un acto de corresponsabilidad que se asume en conjunto y que se acepta trabajar en colaboración.
Sin duda, para muchas instituciones, se asume que el principal formador y educador es el núcleo familiar son los padres los primeros responsables de cultivar y de iniciar con ese proceso de identificar lo mejor que cada persona puede aportar a su contexto.
Pero en este recorrido, las familias no están solas, es un proceso compartido entre todo el género humano y entonces la formación de las nuevas sociedades no solo dependerá de los padres, sino de todo el aparato social que lo conforma y entonces el desafío se vuelve cada vez mas complicado.
La escuela, es uno de los principales escenarios donde día a día la formación y la transformación de los alumnos se hace evidente. Y ahí algo que aprendí desde la experiencia propia y el ejercicio profesional es que, la escuela nos transforma.
Cuando he tenido la oportunidad de acompañar los procesos de adolescentes, por ejemplo, es común escuchar “Es que mi hija, mi hijo no es así”, “No lo puedo creer”, “Yo sé lo que tengo en la casa y no pudo ser”, entre otras afirmaciones y es normal, pues el ser humano se adapta a los contextos y es propio de su naturaleza.
Y es un verdadero reto entender que no se trata de una lucha, no soy yo como profesor, directivo o quien sea que está en lucha contigo como madre o padre de familia, créanme que lo que más buscamos es verdaderamente acompañar los procesos de las nuevas generaciones, por ello es clave tener la apertura para buscar las mejores soluciones en la formación.
Por ello, la frase de Santa Teresa de Calcuta es iluminadora para esta reflexión, pues no se trata de crear enemistades y luchas de egos y saberes, se trata de entender que somos complemento en la formación, que cada familia tiene su historia, que cada docente tiene sus fortalezas y desde esa diversidad, se trata de construir y acompañar para sumar, no para dividir, ni contraponer. Como docentes, tendremos experticia en los temas pedagógicos, en acompañamiento, en lo que sea que cada uno haya identificado, pero no somos los papás de las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, somos colaboradores del trabajo que ya has realizado en casa, de cimentar los valores y promover la formación integral de tus hijos.
Queridos papás, entiendo la versión que tienes de tus hijos, pero también es importante que, en un acto de sencillez y humildad, reconozcan que, las personas muchas veces seremos multifacéticas, y en la etapa escolar de los alumnos, esto es muy común. Permítete escuchar la versión que se tiene de tu hijo, hija, da la oportunidad de reconocer lo que el o ella piden en un lugar donde tu no te encuentras. Y no es que tus hijos no te quieran, tampoco entendamos que los hijos quieren te conviertas en sus amigos, solo quieren y buscan distintos horizontes desde donde puedan ellos ver su historia que comienzan a trazar.
Todos, estoy seguro de ello, estamos buscando proponer o promover esos testimonios, esas personas que impulsen, cuando necesitan alguien diferente en el proceso. Al final de la historia, un padre consciente reconocerá el impacto del docente en la vida de todo ciudadano y un docente apasionado, reconocerá el valor de la familia en el proceso de formación.
“Somos amigos, no comida”, esa frase en la película de Nemo es quizá necesaria para seguir tejiendo lazos y reconocer que un trabajo compartido es posible cuando nos une el sueño de un futuro lleno de aprendizajes para las nuevas generaciones.
Con cariño, profe Beto Maldonado.
