Por Jesús Humberto Maldonado Rodríguez
El trabajador de la educación, cual sea su función, es hoy uno de los grandes testigos del proceso de transición que vive nuestra sociedad, ya que es en las aulas, en donde día a día se ve correr el tiempo y la actualización constante en la vivencia de los valores, la experiencia humana y social; en fin, es en los centros escolares donde podemos anticipar el porvenir de los pueblos.
Hace algunas semanas, platicando con una de mis directoras, reflexionábamos como en la última década estamos viendo el cambio de la sociedad y ante el escenario, le contaba que hoy en las escuelas es muy importante el papel de todos los que en ellas ven sus días correr, desde quien atiende en la puerta hasta el directivo en su oficina.
Y recordaba con cariño a un personaje que en mis orígenes docentes también fue una pieza clave, le llamare “Marichuy”, una mujer que todas las mañanas nos recibía y que llegaba siempre con ese gran entusiasmo a cumplir sus funciones en la escuela. Evidentemente no todo era color de rosa como le llamamos, tuvo sus momentos de flaqueza, pero nunca perdió su chispa, su vitalidad y su esencia.
Ella para mi era el ejemplo de un gran colaborador, pues desde un banquito a lado de la escalera, tenía una radiografía completa de lo que pasaba en todo el centro escolar. Ahí en el silencio del horario de clases y la locura de los recesos, pasaba la vida y compartía su existencia con todos.
Recuerdo especialmente, cuando llegue a la escuela y fue ella quien me recibió con una sonrisa y me permitió sentirme en casa. Siempre he buscado estar cerca de todos aquellos que colaboran y ella no fue la excepción. Muchas veces al llegar y tener horarios libres en mi jornada de maestro, me acercaba con ella y me daba grandes lecciones; me enseñó sobre la sencillez del silencio en su jornada de trabajo, pero también me dio grandes lecciones de empatía cuando ella resolvía muchos de los berrinches de aquellos pequeños en los primeros días de clase. Me dio grandes lecciones de resiliencia y de fuerza de voluntad, pues a pesar de tener muchas veces sus problemas, siempre una sonrisa nos regalaba. Me dio una gran lección de inclusión, pues logramos mucho en la integración de su equipo con los demás equipos, una inclusión que se vive desde las entrañas y que fue una de las maneras de reconocer lo mucho que hacen desde sus funciones.
En ese dialogo con mi directora, reconocía como desde una escalera se puede ver lo que esta pasando y que muchas veces estando en una oficina podemos perder la mirada. Hoy, estas lecciones de “Marichuy” siguen siendo un referente en mi ejercicio profesional, pues me ayuda a mantener los pies firmes en la tierra, no ofuscando mi mente para desarrollar actividades que “no me tocan”, venciendo la tentación del “no me pagan por eso”, pero entendiendo que hoy no se trata de un pago, se trata de un valor como la corresponsabilidad, la empatía, la colaboración, entre otros que hoy parecen extintos.
Hace un poco decía que prefería ser un profesor vocación tres mil, que un mediocre profesor que sobrevive con su salario, porque quien vive en la docencia, no se encierra a un sueldo, muchas veces se llena de experiencias.
“Marichuy”, gracias por tus lecciones de vida, por tu acompañamiento, por la entrega generosa a tantas generaciones de alumnos. Hoy tus caminos son otros y estoy seguro de que en donde estas, sigues compartiendo tu energía. De corazón, puedo decirte que tu fuiste para muchos una gran maestra, que estaba ahí, dispuesta a acompañarnos.
Hoy queridas y queridos colegas, no perdamos de vista a todos nuestros colaboradores a quienes están en limpieza, en oficina, en vigilancia; somos todos quienes en conjunto aprendemos y construimos una sociedad diferente, que es posible cuando podemos dialogar y podemos ejemplificar a nuestros alumnos con nuestro propio trabajo en equipo.
Hoy muchos se encuentran en el descanso, aprovechen la ocasión para renovar sus energías, para leer anticipadamente los retos que pueden llegar en el curso y sobre todo para abrir el corazón y el intelecto, para mejorar desde el campo de acción, la realidad educativa de nuestro contexto.
Con cariño Profe Beto Maldonado.
