Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez
Hablar de mayo es hacer un reconocimiento importante a varios actores de nuestra sociedad, mujeres y hombres de diversas edades y con diversos contextos, en estas tres semanas, daremos un espacio para escribir sobre cada uno de ellos.
Hoy quiero hablar de las mamás.
Todos los que tenemos la oportunidad de estar leyendo estas líneas o todos aquellos que existimos fue gracias a uno de los muchos poderes de la mujer: Ser Madre. Y antes de que la vida agria que podemos tener haga aparición y vengan los reclamos del por qué romantizar la maternidad, es buen momento para abandonar la lectura y continuar. En adelante mis apreciables lectores, dedicare este espacio para hablar de las mujeres que comparten el regalo de la maternidad.
La última década del siglo pasado y la primera de este nuevo siglo, hicieron vibrar el mes de mayo en las escuelas, pues todos guardábamos un gran secreto: se pedía dinero a mamá para comprar algo en la escuela y luego nos veía llegar con un bastidor, con una taza, con un peluche o una rosa, al que empezábamos a preparar, con colores, con hilos, con dulces; era evidente que el detalle era para mamá, pero ella “ignoraba” el porque su hija o hijo podría llevar eso a casa.
En las escuelas como centros de formación, las y los maestros nos impulsaban a crear un recuerdo bonito para regalar a nuestras mamás en esta fecha tan especial para todos. Se vivía un gran colorido, sonidos diversos, experiencias múltiples, en las que cada grupo organizaba algo para celebrar a nuestras mamás.
Eran tiempos diferentes, es verdad. Fueron tiempos en que aún permanecían muchas de las mamás en loshogares, acompañando de cerca la formación de los hijos, aun el trabajo les permitía compartir momentos de experiencias llenas de sentido.
Hoy las cosas han cambiado, la situación económica que vive nuestro país, el cambio cultural y la mutación de los valores muestran una faceta diferente, donde muchas veces los hijos permanecen en escuelas de tiempo completo, donde se privan de la presencia de la mujer, de la madre en los eventos y en la vida misma de los hijos.
Y entonces preguntamos con añoranza, ¿Por qué estamos viviendo estas situaciones tan complejas en la sociedad?
Y no hay una respuesta única para todos los fenómenos sociales que experimentamos, pero hay una sensación que muchas veces se hace presente en nuestros entornos, con nuestros grupos sociales: Orfandad.
Vamos caminando por nuestras historias muchas veces huérfanos.
En algún momento de la historia, los festejos se empezaron a apagar, se empezó a cuestionar la maternidad y se dejó en el abandono de las tecnologías a los hijos. Algo paso, que incluso se le quitó o renunciaron los abuelos al papel que tenían como formadores en la sociedad, en esa misma sociedad que les ha hecho creer que debemos ser indiferentes a los procesos de formación.
Como ya se escribió, los tiempos cambian y el hombre se adapta. Pero no dejamos de tener ese vinculo que nos une con las familias, donde un papel importantísimo siempre ha sido la figura de la madre, como aquella que nos comparte la existencia, que nos protege, que nos acompaña en el proceso.
Hoy quiero hacer un reconocimiento a las muchas mujeres que en este camino de la docencia me he encontrado.
Primeramente, a mi madre y mis abuelas, mujeres que a lo largo de la vida siempre fueron luchadoras incansables para sacar adelante, como siempre lo dijeron a sus hijos. Mujeres que vivieron momentos difíciles para ellas y que con ello y a pesar de ello formaron familias verdaderamente, donde siempre era grato llegar al hogar y comer en aquella mesa que congregaba a todos en un gran festín. Mi madre, una mujer que dio todo y en todo me ha brindado su apoyo para seguir soñando, acompañando muchas veces los proyectos desde sus oraciones.
Pero también a tantas mamás, que se preocupan por la educación genuina de sus hijos, aquellas que reconocen muchas veces las limitantes, pero que no culpan y responsabilizan a los otros, al contrario, son mujeres que se acercan y que, en una actitud de apertura, están dispuestas a acompañar desde la convicción.
Sin embargo, también he sido testigo del desencuentro que se tiene con otras mamás que, por diversas razones, viven desde la frustración y que lejos de formar y de acompañar solo se dedican a solapar y esconder realidades que ocasionan más daño que beneficio, aunque eso sea lo que se presenta.
En todo caso y más allá de corrientes de pensamiento e ideologías, valdría la pena que hiciéramos un ejercicio de reflexión, sobre los muchos esfuerzos, las grandes renuncias de cada una de ellas, las mamás de nuestra vida, de nuestras comunidades. Es un tiempo para hacerlas visibles y por lo menos agradecer, con una palabra, un abrazo o un gesto que haga explicito nuestro cariño y reconocimiento por el gran papel que tienen en nuestras vidas.
Queridas mamás, han sido un pilar esencial en la formación de las sociedades, ¡perdón por las muchas incomprensiones!, no hemos sabido acompañarlas muchas veces y otras tantas hemos sido indiferentes a sus necesidades.
¡Gracias, mamás por estar!
Con cariño. Profe Beto Maldonado.
