Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez
“Crecer no es el problema, el problema es olvidar que fuiste niño” El Principito.
En unos días estaremos celebrando dos fechas importantes en el calendario y muchas veces no vemos el gran salto que existe entre una y la otra, un salto que no es cualquier cosa y que ahora parece desapercibido, las celebraciones de las que hablo son Día del niño y Día del Trabajo.
Como todo este mes, las redes sociales se llenan de recuerdos de lo que un día fue y que pareciera haberse quedado en el pasado, así es, son muchas las fotografías que evocan el recuerdo de la etapa de la infancia por la que todos pasamos, evocan recuerdos, personas y experiencias que sin duda han dado sentido a la existencia particular de cada uno de nosotros.
Entre recuerdos y acontecimientos no deseados, se asoma aquella etapa en la que configuramos gran parte de nuestra existencia y este mes nos hace pensar, muchas veces reflexionar y recordar sobre aquellos tiempos que pasaron y que hoy, al volver a pasar por el corazón nos convierten en un cumulo de emociones que van desde el reconocimiento hasta la gratitud, de la esperanza, hasta la desilusión, por un camino trazado personalmente, por nuestras historias y nuestras personas.
Pero también nos hace pensar en lo que un día fue lo mejor para nosotros y que hoy lo vemos distante y muchas veces inalcanzable, en un contexto donde las familias muchas veces se ven separadas por el trabajo, por la violencia o por el egoísmo, algunas generaciones han experimentado la orfandad, dentro del mismo hogar. Niñas y niños que han crecido solos, sin la cercanía de mamá o papá y ahora cada vez más distantes de la cercanía de los abuelos y demás familiares.
En algún momento, empezó a ponerse de moda, escuelas de tiempo completo que respondan a los horarios de las jornadas laborales, donde los hijos son depositados como encargos, donde cubran gran parte de las actividades que deberían realizar en el hogar. Y es que el gran problema no es la escuela, sino el total abandono de las familias por acompañar la niñez de los más pequeños del hogar, donde crecen bajo el mundo del adulto y la única convicción de ser indispensables para el contexto que les aguarda.
Entonces a quienes hoy les toca ser niños, viven muchas veces rodeados de “aquello que no tuvimos, para que no sufran lo que sufrimos”, pero se les niega lo más importante, la cercanía de las personas que acompañaran en su proceso de formación y de integración en la estructura social, dejándolos muchas veces sin herramientas indispensables, como lo son aquellas habilidades humanas, a las que conocemos como habilidades blandas. El regalo más importante y del que incluso muchas veces los hoy adultos añoramos, es la cercanía de una figura que nos ame y a quien podamos amar, con quien se pueda crecer, aprender y soñar, es preocupante que hoy seguimos creciendo solos, muchas veces, las generaciones más jóvenes acompañadas por una pantalla y no por la experiencia del vivir, del sentir y compartir.
Es así como este mes concluye, con la oportunidad de reflexionar sobre la niñez, la propia y aquella que construimos, con los hijos, con los familiares o con tantas niñas y niños que, en las escuelas, grupos de amigos y colonos compartimos todos los días.
Pero también, terminado el festejo de los pequeños, tenemos la oportunidad de reflexionar en el sentido del trabajo, toca el turno, abruptamente que nos lleva de la niñez a la etapa de la producción a pensar en lo que hacemos y muchas veces en lo que nos “des-hacemos”, cuando el empleo se olvida de su naturaleza: dignificar a la persona.
Así el próximo viernes tenemos la oportunidad de pensar en lo que día a día realizamos y varias preguntas vienen a mi mente cuando pienso en ¿Cuánto puede dignificar el trabajo a la persona? Y es que en un contexto donde la oportunidad laboral es baja, donde los esfuerzos por autoemplearse son saboteados por las demás realidades sociales que se viven, ¿Cómo podríamos pensar en la función del trabajo para dar dignidad al hombre?
Y es que son muchos los estómagos vacíos, son muchas las crisis laborales, económicas y sociales que enfrentamos día a día. Contrario a lo que se habla oficialmente, aun existen condiciones que deshumanizan a la persona, salarios que no cumplen con lo mínimo para dar una solvencia a las familias, sumemos a ello una mentalidad donde el esfuerzo es castigado con la imposición de penas, impuestos y demás, donde se diluye las sociedades mutualistas y resurgen mentalidades parasitarias que polarizan, que dividen y lo más riesgoso, que confrontan a los ciudadanos.
¿Cómo hablar del trabajo en un contexto en que cada día más personas experimentan el desempleo? No solo eso, es pensar también en aquellos empleos donde no existen las condiciones mínimas que aseguren un ingreso justo, donde se cuente con los derechos indispensables como la salud y la vivienda.
Nuestro calendario, tiene un choque de realidades. Es ahí donde te invito a que pensemos en lo que fuimos y como nos construimos, para así formar a nuevas generaciones que conscientes de la importancia del asombro, vivan y disfruten construyendo recuerdos que se atesoran para la eternidad; pero también es pensar en lo que hacemos día con día en nuestros centros de trabajo, hacernos conscientes del valor que tiene el trabajo frente a la construcción de nuestro proyecto de vida, pero que el trabajo no se convierta en un raptor de la construcción de nuestros sueños, que sea un espacio para impulsar sin sacrificar a los nuestros a quienes amamos y con quienes compartimos la existencia todos los días.
Es ahí donde cobra sentido la frase inicial, el problema no es que crecemos, sino olvidar que algún día fuimos niños, que algún día soñamos, nos apasionamos y construimos proyectos, algunos que hemos alcanzado y otros que seguimos en camino.
¡Feliz día del niño! ¡Feliz día del trabajo!
Hasta pronto, Prof. Beto Maldonado.
