Abandona la docencia

Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez

¡Abandona la docencia, deja el magisterio!

Ser docente es una profesión de alto riesgo en una sociedad que “lo sabe todo”, dónde todos son expertos y dónde todos están locos, pues la única cordura, por absurdo que parezca es la propia, la que construimos desde nuestros egos y nuestras inseguridades. Aquella donde nuestros pensamientos son los únicos validados y dónde la Inteligencia Artificial ha superado la realidad. 

Soy docente la mayor parte de mis días, comparto con muchos las grandes alegrías y recompensas emocionales que regala la educación, pero también soy testigo de los muchos procesos que afectan directa o indirectamente tan noble labor, he sufrido como muchos las sombras de la soledad, del desánimo y de la desesperanza: la injusticia y el poco reconocimiento que tiene la gran labor que cumplimos en la formación de las sociedades.

Frances Torralba cita a Kierkegaard y parafraseo, la alegría es comunicativa y sólo comunica quien es alegre. La función del docente es comunicar la alegría de lo que profesa, es más, comunica la alegría de su llamado para la formación y la transformación de nuestras sociedades.  Por tanto, la alegría es una de las grandes fortalezas del docente. 

No es una tarea sencilla el tener que salir a un salón de clases y encontrarte con la vida de otras personas, muchas veces llena de dolor y evidentes carencias que son ya el primer obstáculo para el proceso de enseñanza aprendizaje.

No es nada fácil saber que las decisiones se toman desde un escritorio con poco contacto con la realidad y con muchos sueños que superan por mucho a la misma. Llegar a una escuela que no cuenta con instalaciones suficientes para atender la tan famosa “diversidad”, no sólo es infraestructura, es la ausencia de personal que pueda acompañar los procesos de tantos educandos durante su recorrido académico. 

Es un golpe tremendo el tener que forzar la inclusión en una sociedad que no está preparada, o que no quiere abrir sus ojos a la realidad, ni siquiera el corazón para aceptar a quien es diferente. Terminando en un proceso de simulación, que muchas veces genera más daño que formación, en la historia de tantos hombres y mujeres.

Lejos quedaron los tiempos en que el magisterio era apreciado y valorado, por lo menos, por la sociedad, una sociedad que estaba deseosa de aprender y de dejarse acompañar para ser educado, porque verdaderamente deseaba que se descubierta la mejor versión de cada uno.

Por eso ¡Abandona la docencia!

Cuando no estés dispuesto a contagiar alegría.

Cuando te hayas acomodado tanto que solo buscas responder a lo políticamente correcto

Deja la docencia cuando tu interés ya no sean tus alumnos.

Cuando no estés dispuesto más allá de los formatos que te pide el sistema.

Retírate cuando no quieres escuchar los sueños de los alumnos y mucho menos acompañarlos.

Lejos de la docencia cuando no quieres educar, cuando sigas culpando a las familias por la falta de educación.

Abandona la docencia cuando la pasión se haya ido y la rutina sea lo único que te mantiene.

Podrá resultar demasiado romántico, pero los tiempos han cambiado y las escuelas necesitan mujeres y hombres que sigan soñando con un cambio que aún es posible.

Cada centro escolar desde educación básica hasta posgrado necesita héroes y heroínas: cuya convicción esté en querer seguir formando y transformando.

Hoy más que nunca donde todos saben todo y toma mayor fuerza aquello de “aprendí en la escuela de la vida”, se requiere de mujeres y hombres que vivan con pasión su vocación a la docencia, no como una profesión más, no únicamente como una fuente de ingresos. 

Este llamado a la vocación docente es la oportunidad para seguir transmitiendo la alegría, la formación en habilidades humanas que no ha logrado aún la inteligencia artificial, es necesario acompañar a las generaciones desde la cercanía y trato humano en la búsqueda de sentido, hoy tan necesario. 

Termino recordando la película de Thunderbolts, donde Bob tiene una lucha constante contra Void (el vacío) y es que en aquella batalla final, Bob representa muchas veces al magisterio que se enfrenta al sinsentido, a la indiferencia, la carga administrativa y el juicio injusto de la sociedad en general; pero estoy seguro de que aún hay otros aliados así como Yelena, Bucki, guardián Rojo y demás compañeros que estuvieron con Bob para vencer el sinsentido; es un llamado a la sociedad para seguir siendo aliados en los procesos de formación de las nuevas generaciones.

Hoy, también necesitamos de los docentes apasionados que acompañan los procesos y que son valorados por la sociedad. 

Queridas maestras y maestros, esta semana será especial, como siempre lo son, pero es una semana en que los invito a que desde un ejercicio sincero de reflexión y autoevaluación tomemosnuevamente la decisión valiente de seguir formando, transformando y acompañando sueños. Porque si hoy solo anhelas un ingreso, una estabilidad financiera, la docencia no es lugar para nosotros, cuando olvidamos lo valioso que es educar, cuando se nos olvida que la educación es un acto de fe, no siempre respondiendo a ecuaciones matemáticas, sino cambiando de acuerdo con cada historia, cada proyecto de vida y cada herida que llega nuestras aulas.

Acepto, soy y seguiré creyendo en la educación como unaoportunidad para la humanización y reconstrucción del tejido social, en ello está la clave para una sociedad más humana y justa.

Gracias, maestras y maestros por su entrega, por su vocación y su gran compromiso por la transformación. ¡Feliz día de lomas maestras y maestros! 

Con cariño profe Beto Maldonado, porque educar ¡siempre será una tarea verdaderamente apasionante!

 

 

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