Por: Jesús Humberto Maldonado Rodríguez
¡Les hemos fallado!
Perdón por haber cedido y abandonar las esperanzas de un tiempo mejor. En nuestro recorrido de vida, hemos crecido en medio del caos y hoy el caos nos ha alcanzado. Cobrando altas facturas, presenciando múltiples escenarios donde los más afectados han sido las generaciones jóvenes, los mas pequeños de los hogares.
Los tiempos nos han rebasado y no hemos actuado en verdad por alcanzar un equilibrio entre la crianza positiva y la corrección.
En estos días hemos sido testigos de muchas noticias que entristecen el corazón de los que aun conservan un poco de humanidad en sus corazones, hombres y mujeres que han sido victimas de un sistema que ha abandonado a los más vulnerables, contrario a lo que se pregona, cada vez las necesidades son más profundas y no se resuelven con bienes materiales.
Hemos fallado en la construcción de una sociedad justa, honesta y respetuosa. Engañados muchas veces por las falsas ideas de “que no sufran lo que yo sufrí”, nos hemos cegado ante los grandes problemas que enfrentamos como sociedad. No se trata como canta el trovador, “remediar el pasado o construir un futuro”, se trata de acompañar desde la autenticidad los procesos formativos de las nuevas generaciones.
Muchas veces como adultos, las criticas pueden ser muy duras cuando de habla de salud emocional, de vínculos, de crianza; pero en efecto hoy los tiempos han sido diferentes, hoy cada vez hay menos conexión entre las personas, los vínculos emocionales dependen de cantidad de seguidores en las redes y relaciones que colapsan con un botón para “eliminar amigo”, “eliminar seguidor”, pareciera que la vida se resuelve con un reseteo en las redes y entonces es necesario empezar de cero, una nueva cuenta, nuevos seguidores, “nueva identidad”, que espera ser validada para seguir vigente en el contexto.
Quizá nos hemos equivocado en el momento en que entregamos un celular o un dispositivo electrónico, o en el que muchas veces nos hemos refugiado, pero también viene a nosotros la pregunta ¿Qué se puede hacer en un contexto donde no hay tiempo?, no solo tiempo, también hablemos de seguridad para pasar un rato en los parques, de economía que permita a los padres estar por lo menos ocho horas de su día con sus familias. ¿Cómo actuar frente a una sociedad que les ha arrebatado a los humanos sus deseos de soñar, de convivir, de amar?
No es fácil responder a estas preguntas, no es sencillo tener una sola respuesta, pero considero que es muy importante que como sociedad nos hagamos la gran pregunta: ¿Qué estoy formando? ¿A quién estoy acompañando?
Porque al no tener claridad de nuestro compromiso como formadores, como constructores de nuevas sociedades, hemos perdido el piso y entonces simulamos procesos, jugamos a ser papá y mamá, docentes y profesionistas. Cerramos los ojos y entonces vemos moros con trinchetes en cada lugar donde nos encontramos. He insistido en que hoy más que nunca, se requiere de algo que nadie más nos va a proporcionar, VOLUNTAD, querer hacer las cosas diferentes es un verdadero desafío, en un contexto que nos ha dicho como tenemos que hacer las cosas, sin permitir un sano ejercicio de discernimiento en las distintas esferas de nuestra vida.
Fallamos a nuestra sociedad en el instante en que cedimos. En que nos acomodamos y nos hemos conformado con “lo que hay”, quizá sea tiempo de empezar a formar una sociedad diferente, donde la experiencia de los adultos y la necesidad de conocer el mundo que tienen las nuevas generaciones, puedan estrechar vínculos. Apostar por la conexión personal antes que la digital; creer en los procesos de formación, antes que a cualquier fórmula expres de éxito; sanar por convicciones y no por tendencias que se ofertan al por mayor.
Si hoy estamos convencidos y sumamos voluntades, cada uno, desde su propio campo de experiencia, podríamos aun ofrecer algo diferente a nuestros propios círculos.
Hoy nuestras infancias y adolescencias se forman en escenarios complejos, pero podemos ayudar sin anular, acompañar sin imponer y sanar sin romantizar las historias propias y las de nuestras familias.
Hoy sufrimos varias pérdidas como sociedad, en lo profundo del corazón conmueven y deben llevarnos a juntos replantearnos nuestro paso, para ofrecer un mundo diferente, desde una ética de la corresponsabilidad.
